Mapean la vitalidad urbana de Barcelona

Mapegen la vitalitat urbana de Barcelona

Investigadores de la UAB han cartografiado Barcelona y 9 municipios de su alrededor con una nueva metodología, que aplica las ideas de la activista del urbanismo Jane Jacobs sobre cómo tienen que ser las ciudades para ser espacios vitales. En un 25% del territorio la vitalidad es alta, moderada en un 35% y baja o nula en el 40%.

10/07/2018

Investigadores del Departamento de Geografía y del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la UAB (ICTA-UAB) han ideado una nueva metodología para analizar y cartografiar cuantitativamente los espacios vitales de una ciudad. Es el primer estudio que sintetiza y aplica las ideas teóricas de Jane Jacobs sobre la configuración que tienen que tener las ciudades modernas (densas, de usos mezclados y orientadas a los peatones) para tener vida en sus calles. La nueva herramienta se ha desarrollado utilizando datos de la ciudad de Barcelona y su conurbación.

Las tesis de Jacobs, intelectual y activista urbana norteamericana en el Nueva York de mediados del siglo XX, expuestas en su libro “Muerte y vida de las grandes ciudades”, han sido fuente de inspiración de estudios urbanísticos en el mundo anglosajón en numerosas ocasiones, y en menor medida, en otras regiones, como las mediterráneas.

Los investigadores Xavier Delclòs y Carme Miralles han usado fuentes censales y catastrales, así como sistemas de información geográfica para, a partir de seis variables, crear un índice de análisis que han llamado JANE, y elaborar su metodología. El resultado es una interpretación espacial detallada de una conurbación que combina tanto los atributos de las ciudades tradicionales mediterráneas como los tejidos urbanos derivados de las lógicas modernas en la construcción de ciudades.

“El índice JANE nos permite entender dos elementos clave: por un lado, que la manera como diseñamos y construimos las ciudades puede resultar en entornos con niveles de vida en la calle muy diferentes y, por otro, en el caso concreto de Barcelona, que podemos hallar entornos con una elevada vitalidad urbana en lugares más bien periféricos y en barrios tradicionalmente humildes y, por lo tanto, no sólo en el centro de la conurbación”, señala Xavier Delclòs.

Vitalidad urbana no sólo en los centros históricos

El patrón de distribución de vitalidad urbana identificado se explica en buena parte por la presencia de ciudades y centros históricos en los núcleos de la conurbación analizada, que reúnen los requisitos propuestos por Jane Jacobs.

Así, hay tres “corredores” de gran vitalidad, partiendo del centro de Barcelona: uno hacia Gracia -que constituye la columna vertebral de vitalidad de la conurbación-, otro hacia la frontera nordeste de Hospitalet de Llobregat y un tercero que se bifurca al norte hacia los distritos de Horta-Guinardó y Sant Andreu. Aislados de estos tres, hay dos satélites vitales más, en los centros de Santa Coloma y Badalona.

Pero más allá de esto, hay una alta vitalidad en barrios periféricos que no necesariamente coinciden con un tejido histórico, como por ejemplo la Rambla Prim, en el distrito de Santo Martí, y la Vía Júlia, en Nou Barris. “Esto nos muestra que también se puede favorecer la vitalidad urbana en nuevos desarrollos, si son diseñados apropiadamente”, explica Carme Miralles. “Estos dos puntos de la ciudad fueron rediseñados antes de los Juegos Olímpicos y en los proyectos urbanísticos se tuvieron en cuenta aspectos largamente demandados por los vecinos. Quizás este hecho explica en buena parte el éxito obtenido al dotarlos de vida en la calle”.

Los efectos deletéreos del diseño urbano

En la dirección opuesta, las zonas con una baja o nula vitalidad se encontrarían principalmente en la periferia de la ciudad, donde hay numerosos ejemplos de edificios aislados, legado del crecimiento urbano de los años 60 y 70.

Pero el trabajo destaca especialmente en estas categorías los efectos deletéreos de urbanizaciones recientes que han fracasado en el intento de reunir los requerimientos de Jacobs, como serían la zona de la villa Olímpica, el 22@ e incluso puntos específicos de los alrededores del centro comercial Diagonal Mar. “Habría que analizar en profundidad qué condiciones faltan en estos proyectos específicos, -tipos y usos de los edificios, densidad y diversidad de sus habitantes, etc.- para poder generar la variedad necesaria para que sean espacios no sólo para vivir, también para vivirlos”, indica Carme Miralles.

“La herramienta que hemos creado caracteriza el entorno edificado y su capacidad teórica para promocionar la vida urbana siguiendo las variables propuestas por Jacobs. El índice se puede replicar en otras ciudades, dada su simplicidad en la definición y el hecho que se basa en datos generalmente disponibles en abierto. Aun así, es sólo un inicio. Se trata de irlo mejorando y añadiendo nuevas variables que podrían ser específicas en función del tipo de ciudad donde se aplican, y relacionarlo con otros datos sobre cómo estos entornos son usados y cómo se suceden fenómenos específicos actuales”, concluyen los investigadores.

Sería el caso de Barcelona, por ejemplo, donde los investigadores ven como diferencia importante con las ciudades vitales de la época de Jacobs el fenómeno del turismo, que está haciendo que entornos vitales como Gràcia, Ciutat Vella o el Poblenou se vuelvan también escenarios de procesos de gentrificación o sobrepoblación.


Mapa de la vitalidad urbana de Barcelona ciudad y su conurbación, según el Índice JANE desarrollado por investigadores de la UAB.

Territorio y variables

El territorio analizado incluye la ciudad de Barcelona y 9 municipios de su entorno más próximo, con una población aproximada de 2,4 millones.

Los resultados indican que los niveles de vitalidad de la conurbación de Barcelona están lejos de ser homogéneos: el 23% del territorio presenta una vitalidad alta y un 34% moderada, mientras que una parte significativa ha sido clasificada como baja (25%) o nula (17%).

Los investigadores han considerado seis indicadores para medir el grado de vitalidad cada zona, 4 básicos y 2 accesorios: 1) Concentración -densidad de gente, hogares y edificios-, 2) Diversidad -mezcla de usos primarios de los edificios (residencial, laboral, comercial e institucional)-, 3) Oportunidades de contacto -con una construcción que favorezca un cierto grado de contacto interpersonal, con intersecciones como las que proporcionan islas pequeñas de edificios y calles a escala humana-, 4) Mezcla de edificios antiguos y nuevos -que permiten teóricamente diferentes niveles de renta y usos varios-, 5) Accesibilidad -distancia al transporte público y a las calles para peatones- y 6) Distancia en los espacios “frontera” vacíos -causados por grandes infraestructuras de transporte, conjuntos de edificios para un solo uso (por ejemplo, hospitales) y grandes zonas verdes-.

Artículo de referencia: Delclòs-Alió X., Miralles-Guasch C. Looking at Barcelona through Jane Jacobs’s eyes: Mapping the basic conditions for urban vitality in a Mediterranean conurbation. Land Use Policy. Vol. 75, June 2018, Pages 505-517. https://doi.org/10.1016/j.landusepol.2018.04.026

 

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