"El nombre Confucio es una invención de los misioneros jesuitas"

3Q Anne Cheng

La UAB se ha convertido en la primera universidad española en investir doctora honoris causa a una especialista en el campo de los estudios de Asia oriental. Anne Cheng, catedrática del Collège de France, pronunció la lección "El retorno de Confucio a la China de hoy".

12/12/2019

La sinóloga francesa Anne Cheng, catedrática de historia intelectual de China del Collège de France, fue investida doctora honoris causa por la UAB el 28 de noviembre pasado a propuesta de la Facultad de Traducción e Interpretación. Cheng fue apadrinada por el profesor Joaquín Beltrán y ofreció una lección magistral titulada "El retorno de Confucio a la China de hoy". Se trata de una de las principales autoridades académicas al mundo sobre pensamiento chino y sobre la obra de Confucio.

¿Cuál es el origen de su interés por la filosofía china?

Soy un poco como Obélix, el personaje que cayó en la poción mágica cuando era pequeño: eso es, en cierto sentido, lo que me pasó a mí, dado que tuve padres chinos que venían de una familia cultivada. La primera lengua que hablé es el chino y aprendí francés en la escuela; por eso me gusta decir que soy la vez hija de una familia erudita china y de la República Francesa. Me interesé primero por la literatura y la filosofía europeas pero enseguida me di cuenta que no podía evitar girarme hacia la cultura de mis antepasados. Así pues, más que caer en la poción mágica, nací dentro.

Y, en particular, ¿por qué se centró en la tradición confuciana?

Quizá por atavismo. Quise conocer en qué contexto habían vivido mis antepasados chinos y mi abuelo tenía una gran personalidad confuciana porque era servidor del estado y, al mismo tiempo, un gran erudito y calígrafo. Cuando escribí, más adelante, la historia del pensamiento chino, me interesé por otras corrientes de la vida intelectual china, como el taoísmo o el budismo. Pero la tradición en la que me centré desde el principio es el confucianismo, que resurge en la China contemporánea después de cerca de un siglo de destrucción de la tradición confuciana. El régimen nacionalista de Chiang Kai-shek instrumentalizó una cierta deformación del confucianismo. Con la llegada de los comunistas, en 1949, se quiso erradicar completamente la tradición cultural china y la confuciana en particular, pero ahora hay un regreso espectacular y hay que preguntarse cuáles son las verdaderas motivaciones.

Antes, déjeme preguntarle por otro tema: usted explica que no hay ninguna palabra equivalente a confucianismo en lengua china.

De hecho, el nombre Confucio es una invención de los misioneros jesuitas que tuvieron presencia en China a partir de los siglos XVI y XVII. Latinizaron el apelativo chino Kǒng Fūzǐ, que significa maestro Kong (su apellido). El ismo es una invención debida a una disciplina desarrollada en el mundo académico europeo durante la segunda mitad del siglo XIX, la ciencia de las religiones, que vio la necesidad de inventar una tradición que se pudiera remontar el personaje de Confucio. La palabra confucianismo fue construida como la palabra cristianismo: cogemos la figura central de Cristo y la transformamos en un ismo. En cambio, cuando hablamos de la tradición confuciana en chino, no se menciona el nombre de Confucio. Se habla de Rújiā, la enseñanza de una categoría de gente de la antigua China que, resumidamente, eran expertos en cultura escrita y ritual. Estuvieron implicados en la constitución del primer imperio centralizado, a partir del siglo XIII de la era cristiana, porque el gobierno necesitaba personas que dominaran la escritura para tareas de archivo y para transmitir la información a los confines del espacio chino, así como de personas que dominaron los ritos. Los confucianos están convencidos de que se necesitan estructuras ritualistas que ordenen las relaciones humanas, sobre todo la estructura jerárquica de la sociedad. La estructura política china ha sido y todavía es muy top-down: el poder de decisión desciende de la cima a la base y raramente circula al revés (bottom-up).

¿Tenemos una idea deformada de la tradición confuciana aquí en Extremo Occidente?

Siempre me ha llamado la atención el contraste de lo que ocurre entre el siglo XVIII en Europa, donde tenemos a filósofos como Voltaire que consideran China como una nación filosófica por excelencia, y el inicio del siglo XIX, cuando se inventa la filosofía profesional encarnada por Kant o Hegel: es Hegel precisamente quien decide que la filosofía es de origen griego. China se ve relegada fuera de este campo y se convierte en el "gran otro" del discurso filosófico. De repente, ya no se sabe muy bien qué hacer con China porque no se puede negar que sea una civilización muy antigua. Entonces, se inventa otra disciplina que es la que se ha convertido en la sinología. Además, los filólogos ligan las lenguas europeas a lo que llaman el indoeuropeo y la lengua china se encuentra aún más marginada en la alteridad por no formar parte de ese grupo lingüístico.

Usted sostiene, además, que la idea de la alteridad china es utilizada ahora por el Estado en contra de la aspiración democratizadora.

Para la traducción de mi Historia del pensamiento chino al castellano, trabajé mucho con la traductora, Anne-Hélène Suárez-Girard, y nos dimos cuenta de que, incluso entre dos lenguas tan próximas como son el francés y el castellano, teníamos bastantes puntos de discusión. Tuve la misma experiencia con la traductora italiana: la alteridad está por todas partes, no sólo entre los dos extremos del continente euroasiático. Lo que me molesta de relegar China a la alteridad es que estamos todavía en el esquema hegeliano. Los chinos son como nosotros: igual de consumistas, capitalistas, conectados, etc. Hablar todavía de alteridad china es no comprender la realidad de hoy en día y validar un cierto discurso de propaganda. El discurso oficial chino encuentra muy cómodo apropiarse de esa noción para decir: "nosotros tenemos una tradición totalmente diferente de la vuestra y, en consecuencia, no tenemos nada que hacer con vuestro discurso sobre los derechos humanos, la democracia, etc.” La sed de justicia es universal. Cuando los niños mueren por una crisis sanitaria o porque un terremoto destruye escuelas que no fueron construidas correctamente debido a la corrupción, hay una demanda de justicia.

¿Hay también una utilización de la figura de Confucio?

Naturalmente. Era necesario, en una China en pleno incremento de poder, una especie de icono nacional. Pero cabe preguntarse también si ese icono único que representaría toda la civilización china no es, al fin y al cabo, una invención europea. Me hace gracia que las estatuas que ahora vemos proliferar por toda China se parecen mucho a la representación jesuita de Confucio. Hay en los campus, en las estaciones de metro, en las librerías, en los grandes almacenes...

¿Y qué piensa del desarrollo de la sinología en el mundo académico europeo?

Europa tiene una loable tradición de estudios chinos y Francia ha estado al frente: el Collège de France fue la primera institución académica europea que creó una cátedra de estudios chinos. En Europa en general, los estudios chinos se desarrollaron mucho hasta la Segunda Guerra Mundial; entonces, fue la sinología americana la que comenzó a ser dominadora. Los estadounidenses integraron el campo de los estudios chinos dentro del ámbito más amplio de las ciencias sociales. En cambio, en Europa se ha tendido a conservar la tradición filológica. Pero no tenemos ninguna razón para considerarnos al margen porque la tradición filológica es muy importante para abordar civilizaciones de este tipo; necesitamos leer los textos, cosa que los americanos no siempre hacen. Y estoy muy contenta de estar aquí porque, en España, hay una sinología que se desarrolla con mucho dinamismo.

Más información: Doctora 'honoris causa' Anne Cheng

 

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