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La UAB inaugura el nuevo edificio ICTA - ICP

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El viernes 10 de octubre se ha inaugurado la nueva sede del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales y del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont en la UAB. El nuevo edificio es singular en Catalunya por los criterios de sostenibilidad con los que ha sido construido.

10/10/2014

El viernes 10 de octubre se ha inaugurado la nueva sede del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA) y del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (ICP) en la Universitat Autònoma de Barcelona, con la presencia del Secretario de Universidades e Investigación, Antoni Castellà, de la Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Cerdanyola del Vallès, Montserrat Montiel y del rector de la UAB, Ferran Sancho. El nuevo edificio, singular en Catalunya por los criterios de sostenibilidad con los que ha sido construido, controla la temperatura mediante una "piel exterior" bioclimática, reduce el consumo de energía hasta un 62% y el consumo de agua hasta un 90% respecto a un edificio convencional. El ICTA presenta también hoy su nueva página web. El ICP está adscrito a la UAB, desde esta misma semana, como instituto universitario de investigación.

El director del ICP, Salvador Moyà, ha afirmado que "el hecho de ser desde ayer un instituto adscrito a la UAB y disponer de una ubicación en este nuevo edificio tendrá incidencia en el futuro de nuestros resultados de investigación. La integración con la UAB en docencia e investigación impulsará la paleontología que hacemos en Catalunya y nuestra investigación en el mundo".

Jordina Belmonte ha mostrado su satisfacción por disponer "de un edificio que aglutina en un único espacio la mayor parte de la investigación en ciencias ambientales que lleva a cabo el ICTA, y en el que intervienen hasta 19 departamentos de la Universidad". Belmonte ha sentenciado que "necesitaríamos que la gente del país creyera más en la investigación, porque es una fuente de progreso muy importante."

Para el Secretario de Universidades e Investigación, Antoni Castellà, "es necesario tener un muy buen nivel de investigación para tener un país rico en conocimiento y estos dos centros son dos ejemplos claros de investigación competitiva”. Castellà reconoce que "es muy interesante tener dos centros como el ICTA y el ICP en un mismo espacio. En la transversalidad del ICTA se suma ahora el ICP y será una experiencia muy interesante, seguro que se podrán establecer puntos de trabajo conjunto".

Finalmente, el rector de la UAB, Ferran Sancho, ha hecho un recordatorio de los equipos de gobierno anteriores de la Universidad y del rector Carles Solà, con quien se creó el CEA (Centro de Estudios Ambientales, precedente del ICTA), los directores del CEA Jordi Bartrolí, Josep Enric Llebot y David Saurí, así como de los anteriores directores del ICTA: Xavier Gabarell y Louis Lemkow. Para el rector, "este edificio se convertirá en un icono del campus, representando, una vez más, el compromiso de la Universidad con el medio ambiente, una Universidad que ha sido pionera en la gestión y aplicación de políticas medioambientales y que tiene en el hecho de ser un campus sostenible y saludable una de sus señas de identidad". "El ICTA no tiene nada que envidiar a cualquier centro de la red CERCA, excepto en el aspecto económico", ha afirmado Sancho. Por ello, ha hecho un llamamiento a "incentivar de la misma manera a los centros de investigación puntera catalanes, independientemente de cuál sea la institución o la administración responsable de los mismos".
 
Situado en la entrada sur del Campus de la UAB, el edificio tiene una superficie de unos 9.400 metros cuadrados distribuidos en 6 plantas, cuatro de las cuales son de despachos, laboratorios y espacios comunes, una corresponde a aparcamiento, una corresponde a almacenes, entre ellos un gran almacén de fósiles, y con la planta superior habilitada como invernadero. Ha costado unos 8 millones de euros y ha sido cofinanciado por un programa operativo FEDER (Fondo Europeo de Desarrollo Regional) de Catalunya 2007-2013 y por el Ministerio de Economía y Competitividad.
 
La nueva sede del ICTA y del ICP ha sido diseñada con los criterios de sostenibilidad más exigentes por dos equipos de arquitectos, dataAE y H Arquitectos, con una clara apuesta por la sostenibilidad, tanto en lo referente al consumo de energía y de agua en su funcionamiento como en los materiales empleados para su construcción. El edificio tiene otorgada la calificación LEED (Leadership in Energy & Environmental Design) GOLD por  el USBGC (US Green Building Council) con una puntuación de 73 puntos, una certificación de compromiso ambiental con estándares internacionales.
 
Aprovechamiento del calor en invierno y disipación en verano
 
El edificio acoge principalmente despachos y laboratorios que, por su actividad, tienden a generar calor. El diseño pretende sacar provecho de este calor en invierno y disiparlo en verano mediante ventilación natural. Cuatro patios interiores conforman un gran atrio central que garantiza una óptima calidad de luz natural en todas las plantas. Una estructura de hormigón con mucha inercia térmica colabora directamente en el confort pasivo del edificio.
 
Piel exterior bioclimática
 
La fachada exterior del edificio cuenta con una "piel bioclimática", un sistema comparable al de un invernadero agrícola que regula, mediante aperturas y cierres automáticos, la captación de radiación solar y la ventilación. La piel exterior se adapta automáticamente, abriéndose o cerrándose, en función de la temperatura, la humedad, el viento y la radiación solar exteriores, para conseguir en cada momento las mejores condiciones bioclimáticas en el interior. Se consigue de esta manera un espacio intermedio con una temperatura entre los 16 º y los 30 ºC, que hace de cojín térmico y ayuda a mantener una temperatura de confort en los espacios de trabajo y habitables, reduciendo la demanda energética y mejorando la temperatura en el interior de manera totalmente natural. Estos espacios intermedios están ajardinados con especies adecuadas a cada lugar, de manera que favorecen la entrada de la naturaleza en el interior del edificio a la vez que ayudan a regular la humedad.
 
Los espacios de trabajo están en el interior de esta zona con clima mejorado, aislados en estructuras cerradas, del tipo "cajas de madera", que acaban de proporcionar las condiciones de confort.
 
El sistema de control del edificio se ha programado de forma que tanto la piel bioclimática, las ventanas de los despachos, como todos los sistemas activos de climatización están coordinados para priorizar el funcionamiento pasivo y para minimizar el uso de energías no renovables. Un complejo sistema de control informático automatizado procesa y gestiona los datos para optimizar el confort y el gasto de energía. El edificio aprovecha todo el contacto con el terreno de sus dos plantas subterráneas, para preclimatitzar las renovaciones de aire del edificio, cuenta con sistemas de geotermia que aprovechan la temperatura bajo tierra y, para apoyar a los sistemas pasivos en momentos punta, se dispone de una máquina enfriadora con compresor de levitación magnética de alta eficiencia. Gracias a estos elementos, el edificio ha conseguido la certificación energética con una calificación de etiqueta A, con un ahorro de hasta el 62% del consumo que sería habitual en un edificio convencional similar.
 
Reducción de hasta un 90% del consumo de agua potable
 
El edificio tiene en cuenta todo el ciclo del agua para optimizar la demanda y el consumo a partir de la reutilización de las aguas pluviales, grises, amarillas y negras. De esta manera, se logra una reducción de hasta un 90% del consumo de agua potable respecto a un edificio convencional similar. Se emplean elementos muy eficientes como urinarios secos, inodoros de bajo caudal, grifos con aireadores y detección de apertura, o xerojardinería. Se recoge el agua de lluvia de la cubierta del edificio, del espacio pavimentado y del edificio vecino para aprovecharla: una parte para el riego y el resto, después de pasar por un proceso de ultrafiltración y desinfección, para el lavavajillas y los lavabos. Las aguas grises se regeneran y se utilizan como agua de descarga de los inodoros. Las aguas residuales se tratan con fitodepuración y se aprovecha la fracción sólida para compostaje.
 
Reducción del impacto ambiental de los materiales de construcción
 
Para disminuir la demanda de material de construcción se han evitado los falsos techos y los suelos técnicos, y se han empleado soluciones constructivas y materiales de menor “mochila ecológica”, menor gasto de energía y una cantidad más baja de emisiones tanto en el momento de producción como de residuos. En la elección de los materiales se ha optado por una estructura mineral de mucha inercia térmica y de larga vida útil combinada con materiales de bajo impacto ambiental, priorizando el uso de materiales de origen orgánico o reciclado y mediante sistemas constructivos en seco reversibles y reutilizables. Las tierras procedentes de la excavación se han reubicado en el entorno del edificio, aprovechando así los recursos del lugar.