Los árboles ornamentales exóticos en las ciudades favorecen la invasión de la abeja gigante de la resina
Un grupo de investigación de la Facultad de Veterinaria de la UAB demuestra que la proliferación de vegetación exótica es uno de los principales mecanismos que explican las invasiones biológicas
La abeja gigante de la resina (Megachile sculpturalis), originaria de Asia, es la primera abeja invasora documentada en Europa. Es una abeja solitaria, es decir, no forma colonias, pero todas las hembras se reproducen y fundan su propio nido. Está activa en verano y es especialmente grande, ya que puede alcanzar los 2 cm de longitud. Fuera de su región de origen, habita principalmente en ciudades, donde desde hace años se han registrado molestias causadas principalmente por su actividad de anidación en cavidades de infraestructuras públicas, jardines privados o árboles (a veces monumentales) que la propia abeja puede perforar.
El grupo de investigación Wildlife Pollinators, del laboratorio Wildlife Ecology & Health de la Facultad de Veterinaria de la UAB, estudia la abeja gigante de la resina desde su llegada a la península Ibérica en 2018. Desde entonces, se han preguntado por qué la abeja se concentra en ciudades y no en otros ecosistemas más naturales, donde los recursos aparentemente son más abundantes y diversos. La clave podría residir en un patrón recurrente detectado en toda Europa: tanto las observaciones de la abeja en las ciudades como los análisis del polen que consume apuntan a una dependencia casi exclusiva de las flores de los árboles ornamentales, y en particular de la sófora, también conocida como falsa acacia del Japón (Styphnolobium japonicum).
Un árbol muy presente en nuestras ciudades
La sófora es un árbol ornamental exótico ampliamente utilizado en la vegetación urbana. Ciudades como Barcelona o Viladecans tienen miles de estos árboles en sus calles (unos 11.000 y 1.000, respectivamente). Es un árbol que florece en verano, precisamente cuando la abeja gigante de la resina está activa. En su región de origen, Asia, este árbol forma parte de la dieta de la abeja gigante de la resina, entre muchos otros árboles. Pero la clave es que en Europa, debido a su uso ornamental, la sófora es el único árbol abundante presente en la dieta de la abeja.
Para determinar si la sófora favorece la invasión de la abeja gigante de la resina, los científicos recogieron para toda Cataluña los lugares donde se ha registrado el árbol ornamental y los lugares donde se ha registrado la abeja invasora. Luego construyeron modelos para determinar si la invasión de la abeja gigante de la resina depende de condiciones climáticas similares a las de su área de distribución nativa o, más bien, de la presencia de sófora. Los resultados indican que tanto el clima como la presencia de sófora determinan la invasión de la abeja gigante de la resina, pero que el clima suele ser importante solo cuando hay sófora. En otras palabras, las áreas con sófora y condiciones climáticas similares a las de la zona nativa tienen más probabilidades de ser colonizadas por la abeja gigante de la resina. De hecho, los resultados sugieren que el frente de invasión, situado en el oeste de Cataluña, avanza gracias a la presencia de sófora. Estos resultados demuestran la importancia de considerar las interacciones planta-animal al estudiar posibles invasiones biológicas, especialmente en paisajes urbanos.
Hay que replantear el verde urbano
Históricamente, las ciudades han utilizado plantas exóticas en calles, parques y jardines, con múltiples objetivos, como generar refugios climáticos, promover la biodiversidad o mejorar la estética del espacio público. Sin embargo, y como se demuestra en este estudio, la proliferación de vegetación exótica es uno de los principales mecanismos que explican las invasiones biológicas a escala global, un fenómeno que representa una de las principales causas de la pérdida de biodiversidad en el mundo. Las invasiones biológicas no son un proceso estático, sino que pueden variar con el tiempo, especialmente en un contexto de cambio climático. Una planta exótica que no es actualmente invasora puede volverse invasora en el futuro si las interacciones ecológicas favorecen su supervivencia y reproducción. Por ejemplo, los árboles del género Ficus, que incluye higueras, están especializados en ser polinizados por especies específicas de pequeñas avispas. Así, hay especies de Ficus que se cultivaron como ornamentales durante años sin causar problemas, pero que, debido al transporte accidental de sus polinizadores, comenzaron a crecer fuera de jardines con un carácter invasivo.
El Reglamento Europeo de Restauración de la Naturaleza apela a la restauración de los ecosistemas urbanos para 2030. Sus principales objetivos incluyen aumentar la superficie de espacios verdes y la cobertura vegetal en las ciudades. A la vista de estos resultados, las ciudades deben ser conscientes del riesgo que supone el uso de vegetación ornamental exótica. Basándose en las conclusiones del grupo de investigación, deberían eliminar la vegetación invasora o las especies que favorecen las invasiones, como la sófora, y priorizar la selección de especies autóctonas para promover los servicios ecosistémicos y cumplir con los objetivos de restauración ecológica de las ciudades establecidos por la Unión Europea. Este reto implica inversión pública en la restauración de ecosistemas urbanos, pero también en investigación en silvicultura y ecología urbana y, sobre todo, una estrecha colaboración entre científicos y técnicos municipales, incluyendo personal experto en medio ambiente, jardinería y paisajismo.
Artículo de referencia: Echeandía, D., Margalef-Marrasé, J., Riera, M., Belmonte, J., Lanner, J., Mader, S., & Hernández-Castellano, C. (2026). A plant–pollinator invasional meltdown: the Japanese pagoda tree Styphnolobium japonicum facilitates the invasion of the giant resin bee Megachile sculpturalis. Oikos, e12449. DOI: 10.1002/oik.12449