"Trump no materializa sus iniciativas pero enrarece el ambiente"

Las políticas anunciadas por el presidente Donald Trump han situado la migración de población entre México y Estados Unidos en el centro de la actualidad. Silvia Elena Giorguli visitó la UAB para impartir un seminario sobre el tema en el Centro de Estudios Demográficos.

21/09/2017

Silvia Elena Giorguli es profesora e investigadora del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales-CEDU del Colegio de México (COLMEX). Giorguli es también la primera mujer que ha asumido la presidencia del COLMEX, cargo que ocupa desde 2015. El 18 de septiembre, impartió el seminario "¿Hacia un nuevo escenario migratorio en México? Retos y reflexiones" en el Centro de Estudios Demográficos de la UAB.

¿Qué evolución ha seguido durante los últimos años la población mexicana?

La particularidad del sistema migratorio mexicano frente a las otras migraciones latinoamericanas es que Estados Unidos es casi el único destino: más del 90% de los flujos va hacia el norte. La historia de la migración mexicana es en realidad la historia de la relación entre México y Estados Unidos. Lleva cien años en evolución; comienza como una migración laboral relacionada con la demanda de trabajo para la construcción del ferrocarril. Primero está muy concentrada en una región de México y luego se diversifica por todo el país. Ahora, en prácticamente todos los municipios de México hay alguna migración a Estados Unidos. Y allí, la migración mexicana está muy concentrada en tres puntos: California, Texas e Illinois. Aunque, durante las últimas décadas, se han diversificado los destinos.

¿México es un país que envía más emigrantes al exterior o que recibe más inmigrantes?

México está ahora en una situación inédita en este siglo: un saldo cero, o cercano a cero, algo que no veíamos desde los años treinta de la Gran Depresión, cuando hubo una deportación importante de mexicanos. Entre la caída de la emigración, que se estabiliza alrededor de las 140.000 personas al año, y el regreso de mexicanos que están retornando con sus hijos, el saldo queda casi compensado. Pero un saldo cero no significa que no haya migración: hay todavía una movilidad muy importante porque, si sumas los flujos de ida y venida, hay casi 300.000 personas que cambian su lugar de residencia de uno a otro país cada año.

¿Qué suponen para la economía mexicana el envío de remesas de dinero de los emigrantes que están en el exterior?

Las remesas siguen siendo una fuente de ingresos muy importante para el país y siguen siendo la fuente principal para muchos hogares en México. Pero han pasado dos cosas. Una es que la gente se ha ido yendo con sus familias para no regresar. El 80% de los mexicanos en Estados Unidos llevan más de diez años en el país y lo más probable es que ya tengan toda la familia allá. Los lazos se van debilitando y, en adelante, es de esperar un desgaste en el envío de remesas. La otra cosa es que, a partir de 2007 y 2008, la crisis económica provocó la pérdida de empleo de los mexicanos en Estados Unidos. Y ahora Trump amenaza con esa idea de tasar el envío de remesas. Por lo tanto, hay incertidumbre respecto a si las remesas pueden evitar que las familias caigan en la pobreza. Deberíamos verlas como algo temporal más que como una estrategia de vida.

¿Las políticas y declaraciones de Donald Trump han tenido ya algún efecto en el flujo migratorio de México a Estados Unidos?

El cambio en el patrón migratorio se empezó a observar con claridad en 2008. Eso quiere decir que no es un efecto de Trump: la caída de la emigración por la política económica y por las políticas antiinmigrantes de control fronterizo y deportaciones es de la época de Obama. Trump es muy poco efectivo en materializar sus iniciativas pero sí tiene un peso en cuanto al enrarecimiento del ambiente y en cuanto al aumento de la vulnerabilidad de quienes ya estaban en una situación vulnerable. Si analizamos el caso de Arizona, el efecto de hechos como el perfil racial de detención o tener a personajes como el sheriff Arpaio suponen una pérdida de la calidad de vida: la gente tiene miedo de salir, de usar los servicios médicos, de poner denuncias en el caso de sufrir delitos o una violación de derechos laborales... El enrarecimiento del ambiente afecta a la población mexicana en general, incluidos los que son también ciudadanos estadounidenses. Hay muchos hogares mixtos donde, por ejemplo, los niños son ciudadanos reconocidos porque nacieron en el país pero los padres son indocumentados.

¿Y qué representa para México el flujo migratorio de su frontera sur?

Significa un gran reto en muchas dimensiones. A nivel de política nacional, implica ser capaces de aplicar en casa el mismo discurso de defensa de los derechos de los mexicanos en el exterior. E implica construir instituciones que, efectivamente, puedan implementar medidas para disminuir la corrupción y la violación de derechos humanos. No sólo ocurre que los migrantes centroamericanos están más expuestos al crimen organizado sino que, en muchas ocasiones, son las propias instituciones gubernamentales mexicanas las que están involucradas en la corrupción. Es algo no resuelto a pesar de las buenas intenciones de algunos programas e iniciativas legales. Y, a nivel local, también implica la necesidad de una mayor congruencia y aceptación del que es diferente, pues hay discriminación contra el centroamericano. Afortunadamente, en México, cada vez se habla más de discriminación; hay que hablar de ello para crear conciencia y tomar medidas.

Finalmente, como presidenta del Colegio de México, ¿qué retos de futuro considera que debe afrontar la institución?

El reto es sostener al Colegio en las áreas que tradicionalmente lo han convertido en la institución excepcional que es: el trabajo en historia de México, en lingüística del español mexicano, en estudios internacionales, y en ciencias sociales y humanidades en general. El Colegio está en una etapa muy particular a nivel interno. Hace diez años, inició un muy asertivo programa de jubilación que ha resultado muy exitoso. La plantilla del Colegio es de 180 profesores y, en una década, se han jubilado cerca de sesenta. Hay que aprovechar este momento de renovación generacional para renovar la agenda y las metodologías. Y el otro gran reto es la transición digital: aprovechar lo que se abre en términos de recursos digitales y formas de transmisión del conocimiento.

Más información: Centro de Estudios Demográficos

 

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