Arte e Historia

09/2014 -

Élites en conflicto. El impacto de las guerras mitridáticas en las poleis de Asia Menor

El artículo pretende calibrar el impacto de las guerras mitridáticas en algunas de las principales poleis de la provincia de Asia, a través del análisis de sus élites cívicas. Si bien puede establecerse una tendencia general, cada comunidad acabó evolucionando de una manera particular tras el conflicto. Mientras que centros como Pérgamo o Mitelene consiguieron mantener una estructura social más o menos resistente a las influencias romanas, así como unas élites tradicionales consistentes, capaces de liderar la recuperación y el restablecimiento del vínculo con Roma, en otras como Éfeso surgió una sociedad más dinámica y permeable, conformándose una clase dirigente mixta en la que los romano-itálicos residentes jugaron un rol básico.

Referencias

Arrayás Morales, Isaías. Élites en conflicto. El impacto de las guerras mitridáticas en las poleis de Asia Menor. Athenaeum: Studi di letteratura e Storia dell’antichità 2: 517-534. 2013.

Las guerras mitridáticas (89-63 a.C.) supusieron un punto de inflexión en el Oriente mediterráneo. En la provincia de Asia, L. Cornelio Sila (cos. 88, 80 a.C.), tras su victoria parcial sobre Mitrídates VI Eupátor, rey del Ponto (120-63 a.C.), en el 85 a.C., llevó a cabo una traumática política de ocupación e impuso unas exigentes condiciones fiscales, que sumieron a las ciudades asiáticas (poleis) en la más grave crisis económica y social de su historia.
 
Lo cierto es que para afrontar los pagos exigidos, estos centros debieron recurrir a los financieros romano-itálicos, quienes les concedieron préstamos a muy elevado interés. Así, lo que, en principio, fue una enorme multa de 20.000 talentos, se convirtió en un problema endémico para las poleis, cuyo montante no dejaba de crecer, y muchas de ellas, incluida Pérgamo, la antigua capital del reino atálida, tuvieron que hipotecar bienes públicos. Las medidas de Sila fueron concebidas para castigar a una región, provincia romana desde el 129 a.C., que destacó por su filo-mitridatismo, con Pérgamo y Éfeso a la cabeza, y en la que hubo ciudades como Mitelene, que resistió a los romanos hasta el 80 a.C., al estar demasiado comprometida con Mitrídates Eupátor.
 
Para que las ciudades asiáticas superaran esta grave crisis resultó básica la mediación de ciertos miembros de las élites locales, bien relacionados con las autoridades romanas. Estos notables no sólo habían logrado subsistir, sino que habían sabido aprovechar la coyuntura planteada por el conflicto. No se poseen datos claros sobre un aumento de las desigualdades entre ricos y pobres en los centros asiáticos, pero es evidente que las cantidades aportadas por estos benefactores o evergetas superaron ampliamente las de tiempos anteriores, lo que denotaría un notable aumento de sus fortunas.
 
Desde finales del s. II a.C., se observa la aparición, en algunas ciudades, de griegos extremadamente ricos, como Menippos y Polemaios de Colofón, capaces de cancelar créditos y de financiar tanto obras públicas como actos lúdicos y religiosos en su comunidad. Su número no dejaría de aumentar, sobre todo tras la I Guerra Mitridática (89-85 a.C.), cuando aparecen personajes como Diodoros Pasparos y Mitrídates de Pérgamo, Teófanes y Potamón de Mitelene, Queremón de Nisa, Pitodoro de Tralles o Teopompo de Cnidos. Todos fueron eminentes evergetas, poseedores de enormes fortunas, amasadas por medios turbios, que no se diferenciarían de los utilizados por los odiados financieros romano-itálicos (negotiatores y publicani), entre los que no faltó ni la especulación ni la usura.
 
Sin embargo, existió una pluralidad de situaciones en las comunidades asiáticas, en función de sus características y circunstancias, como denota el análisis de tres de los principales centros de la provincia, especialmente marcados por el conflicto mitridático: Pérgamo, Éfeso y Mitelene. En efecto, a pesar de las secuelas de la guerra mitridática, tanto en Pérgamo como en Mitelene subsistió un importante sector de notables locales muy ricos, con capacidad para promover un intenso evergetismo. Estos notables, asumiendo la imposibilidad de escapar al dominio romano, se esforzaron por entrar en las redes clientelares de la aristocracia romana (nobilitas) y por ser distinguidos como amici populi Romani, con objeto de ejercer de privilegiados interlocutores ante Roma. Esto les permitió obtener sendos beneficios para sus respectivas patrias y reforzar su posición y prestigio en ellas, recibiendo las principales magistraturas cívicas y honores cada vez más exclusivos. Así, estos personajes, que forjaron sus fortunas a través de medios turbios, se convirtieron paradójicamente en los salvadores de sus patrias, mientras, a la vez, como amici populi Romani que eran, se erigieron en piezas clave para la integración de sus comunidades en las estructuras romanas.
 
Por otro lado, en Éfeso, la situación fue bastante diferente a la de Pérgamo o Mitelene. Con una élite autóctona muy mermada por el conflicto mitridático, solo capaz de asumir gastos cívicos muy modestos, el creciente elemento foráneo de la población, encabezado por miembros de la nobilitas que ejercieron de patronos de la ciudad, se convirtió en el motor del desarrollo y del auge urbano de Éfeso. Puerto y centro mercantil, además de sede administrativa de la provincia de Asia, fue foco de atracción para los romano-itálicos (romaioi), la mayoría agentes de poderosos negotiatores y publicani, que reanudaron su actividad con especial intensidad tras el paréntesis causado por la matanza de romaioi de las “Vísperas Efesias”, ordenada por el rey póntico en el 88 a.C., circunstancia que brindó a Sila, en el 85 a.C., la oportunidad de cambiar el signo político de los agentes económicos que operaban en Asia y acabar así con la influencia de la factio política rival, la cinno-marianista. Gracias a los negocios, estos romano-itálicos residentes lograron amasar una gran riqueza a escala local, que utilizaron para proclamar su éxito político, social y económico, y de la que se acabó beneficiando la ciudad de acogida. Dentro de este colectivo de evergetas llegó a haber libertos imperiales enriquecidos, como Mazaios y Mitrídates, que erigieron la puerta sur del ágora comercial de Éfeso (tetragonos) en el 4/3 a.C., o C. Julio Nicéforo, también liberto de Augusto, que jugó un rol importante en la agrupación de ciudadanos romanos de la ciudad (conventus ciuium Romanorum) y asumió de por vida los gastos de miembro del consejo cívico (prytanis), a pesar de estar reservada a la élite tradicional.
 
Esta sería una situación impensable en Pérgamo o en Mitelene, ciudades con una estructura social menos receptiva a las influencias romano-itálicas, aunque producto también de las secuelas del conflicto mitridático, donde los extranjeros quedaron al margen de las decisiones importantes y de la actividad evergética. Así, tras las guerras mitridáticas y la consolidación del dominio romano en Asia, cada polis, con características y circunstancias propias, vivió su propia historia.

Isaías Arrayás Morales

Departamento de Ciencias de la Antigüedad y la Edad Media

Isaias.Arrayas@uab.cat

2019 Universitat Autònoma de Barcelona

B.11870-2012 ISSN: 2014-6388