Accede al contenido principal
Universitat Autònoma de Barcelona
Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals (ICTA-UAB)

Cómo el periodismo puede fortalecer la democracia en España

28 oct 2026
Compartir en Bluesky Compartir en LinkedIn Compartir por WhatsApp Compartir por e-mail

Por Pablo Núñez Yebra, ICTA-UAB, y Jeroen van den Bergh, ICTA-UAB & ICREA

Article opinió sobre el periodisme

En una democracia saludable, los ciudadanos necesitan información precisa y verificada para tomar decisiones. Sin embargo, en España, los programas de actualidad e informativos de la televisión pública no siempre cumplen adecuadamente con esta función. Su estilo, que puede llegar a ser sensacionalista, consiste en presentar opiniones de la derecha y de la izquierda como posiciones equivalentes, sin contextualización ni verificación de hechos. Este enfoque transmite la idea errónea de que todo es subjetivo y que la verdad depende de la posición política. Si una de las partes difunde falsedades, “equilibrarlas” con la visión contraria no corrige la mentira; al contrario, la legitima y contribuye a su difusión. Además, presentar la política como un enfrentamiento constante entre partidos, una eterna campaña electoral, y no aclarar qué afirmaciones son falsas o engañosas, fomenta que los ciudadanos prioricen su ideología sobre los hechos, alimentando la polarización y erosionando la confianza en la política.

Un problema especialmente grave es la normalización de los ataques personales como sustituto de un debate político de fondo. El gobierno de coalición y su presidente son objeto habitual de descalificaciones y campañas de desprestigio promovidas desde sectores de la (extrema) derecha, que recurren de forma sistemática a expresiones como “presidente ilegítimo”, “gobierno traidor”, “vendepatrias” o “psicópata”, extendiéndose a insultos más explícitos coreados en la calle. Las sucesivas crisis vividas en los últimos tiempos – como la entrada de migrantes en Ceuta este verano, los incendios forestales o el accidente ferroviario de Adamuz – son aprovechadas por estas formaciones para alimentar la crispación, en lugar de centrarse en fiscalizar la gestión con rigor y debatir soluciones. Estas etiquetas no solo simplifican y distorsionan la realidad, sino que buscan erosionar la legitimidad democrática del adversario. Un lenguaje de este tipo sería inaceptable en cualquier entorno profesional. ¿Por qué, entonces, tolerarlo en la política?

A menudo, los medios presentan estos ataques como parte del debate legítimo, sin señalar su carácter abusivo y oportunista, su falta de sustancia o su deshonestidad. Esta normalización degrada el debate público y debilita las normas democráticas.

La alternativa es un periodismo basado en hechos y evidencia. Los periodistas deben señalar mentiras, tergiversaciones y ataques personales recurriendo a datos verificables y al conocimiento de expertos, distinguiendo claramente entre hechos, opiniones y comportamientos abusivos. La evidencia científica muestra que cuando la ciudadanía tiene acceso a pruebas claras de afirmaciones falsas, tiende a adoptar posturas más moderadas e informadas, lo que contribuye a reducir la polarización.

Por ello, es crucial que los periodistas dejen de reproducir insultos y mentiras y, en su lugar, exijan propuestas concretas y constructivas a los actores políticos en forma de preguntas críticas, repreguntar cuando se elude la cuestión, y mostrar tanto la pregunta como la respuesta, evidenciando ante la audiencia si una afirmación carece de rigor. Reducir la cobertura a declaraciones desde un atril – un estilo importado de Estados Unidos, que no es precisamente un buen ejemplo de democracia avanzada – convierte a los informativos en un altavoz de consignas propagandísticas.

Existen alternativas claras en los países del norte de Europa que demuestran que otro periodismo es posible:

  • Finlandia: la radiotelevisión pública finlandesa dedica segmentos específicos a la verificación de afirmaciones políticas y a aclarar ataques inapropiados, educando a la ciudadanía para distinguir entre opiniones, hechos y retórica manipuladora.
  • Alemania: los medios comprueban afirmaciones y corrigen ataques personales, con una supervisión regulatoria que garantiza rectificaciones, especialmente durante periodos electorales.
  • Suecia y Dinamarca: etiquetan las declaraciones políticas como verificadas, cuestionadas o abusivas, en colaboración con verificadores independientes, lo que refuerza la confianza pública.
  • Países Bajos: medios como la radiotelevisión pública NOS gozan de una fuerte independencia editorial, y verificadores independientes desmienten la desinformación y señalan la retórica abusiva, lo que favorece debates políticos más civilizados y altos niveles de confianza en los medios.

En España, por el contrario, las mentiras y ataques personales suelen quedar sin control, y los debates se presentan como un simple choque de opiniones, lo que amplifica la desconfianza y la polarización.

Mejorar el periodismo en España requiere avanzar hacia una verificación sistemática de datos y afirmaciones, así como hacia el etiquetado explícito de conductas abusivas. Estas prácticas no censuran opiniones, sino que informan mejor a la ciudadanía y ayudan a diferenciar hechos de especulación o ataques.

A ello se suma otro problema estructural: la falta de diversidad de voces en los principales medios de comunicación españoles. Científicos y expertos encuentran grandes dificultades para conseguir que sus perspectivas aparezcan en los espacios de análisis y debate. Una red clientelar garantiza que los mismos individuos comenten a diario una amplia gama de temas. Estos “tertulianos multiusos” tienden a incorporar sus ideologías e intereses personales a debates complejos, a menudo sin tener en cuenta las recomendaciones de los expertos, incluso en cuestiones de tanto impacto como la política climática. Una sociedad avanzada no puede prosperar si unos pocos individuos concentran un poder de opinión tan desproporcionado mientras que los especialistas quedan relegados a un segundo plano.

Al apostar por un periodismo basado en hechos, dispuesto a formular preguntas incómodas y a exigir la rendición de cuentas, España puede fortalecer su democracia, reducir la polarización y construir una ciudadanía más informada y reflexiva.

 

Dentro de