La reducción de la frecuencia de precipitación acelera la caída de hojas en otoño en el hemisferio norte

Un estudio llevado a cabo por un equipo internacional con participación del CREAF muestra que la frecuencia de las precipitaciones, no solo su cantidad total, desempeña un papel crucial para determinar cuándo caen las hojas de los árboles, con importantes consecuencias para los ecosistemas y el ciclo del carbono.
El cambio climático está modificando no solo la cantidad total de lluvia en el planeta, sino también el momento y la regularidad con que se producen los episodios de precipitación. Aunque hace tiempo se sabe que la temperatura y la precipitación acumulada son factores esenciales en el crecimiento de las plantas y los ciclos estacionales, el efecto de la frecuencia de las lluvias ha sido menos estudiado. Estudios recientes indican que la periodicidad de las precipitaciones puede influir de manera significativa en los ecosistemas, la fisiología vegetal e incluso en el ciclo global del carbono.
En este contexto, nuestro estudio liderado por Xinyi Zhang y con la coautoría del Prof. Josep Peñuelas, publicado en Nature Communications, explora el papel clave de la frecuencia de las precipitaciones en la determinación del momento de la caída de las hojas (senescencia foliar) en otoño en el hemisferio norte. Los resultados muestran que una reducción en la frecuencia de la lluvia, independientemente de la precipitación total, puede acelerar notablemente este proceso y afectar la productividad vegetal y la captación de carbono.
Mediante índices de vegetación calculados a partir de datos de satélite y medidas de flujo de carbono a largo plazo (1982–2022), el estudio analiza cómo la temperatura, la radiación y diferentes aspectos de la precipitación influyen en la caída de las hojas. Los análisis estadísticos permiten aislar los efectos específicos de la frecuencia de la lluvia en comparación con la precipitación total, y revelan un patrón claro: las regiones con episodios de lluvia menos frecuentes presentan una caída de hojas más temprana, incluso cuando la precipitación anual total se mantiene estable.
Las imágenes ilustran el envejecimiento progresivo de las hojas: hojas verdes saludables (izquierda), hojas amarillas tempranas (centro) y hojas completamente envejecidas y marrones (derecha). La reducción de la frecuencia de precipitación acelera este proceso, evidenciando el impacto del estrés por sequía en la senescencia foliar. Composición de fotos a partir de: Pixabay/klickblick, Pixabay/CAWFotografie, Pixabay/kubicek_robert.
Este fenómeno se debe a que una menor frecuencia de lluvia intensifica el estrés por sequía, ya que reduce la humedad del suelo en la zona de las raíces y aumenta la sequedad del aire. Este estrés limita la fotosíntesis y acelera el envejecimiento de las plantas, lo que pone de manifiesto que la frecuencia de los episodios de precipitación es tan importante, o incluso más, que la cantidad total de lluvia.
Los resultados subrayan que los cambios en los patrones de precipitación pueden afectar profundamente el funcionamiento de los ecosistemas a través de mecanismos que las métricas climáticas tradicionales no recogen adecuadamente. Una menor frecuencia de lluvia puede amplificar los efectos de la sequía, incluso cuando la precipitación total parece estable, con repercusiones en cadena sobre la productividad forestal, el ciclo de nutrientes y la biodiversidad.
Rosa Casanovas-Berenguer y Josep Peñuelas
CREAF
Esfera UAB
Referencias
Zhang, X., Wang, X., Zohner, C.M., Peñuelas, J., Li, Y., Wu, X., Zhang, Y., Liu, H., Shen, P., Jia, X., Liu, W., Tian, D., Pradhan, P., Belarmain Fandohan, A., Peng, D., Wu, C. 2025. Declining precipitation frequency may drive earlier leaf senescence by intensifying drought stress and enhancing drought acclimation. Nature Communications 16, 910 (2025). Doi: 10.1038/s41467-025-56159-4.