Anna Almécija, profesora de la EPSI: "En el sector de la seguridad es necesaria mucha formación en igualdad y derechos humanos"

Anna Almécija, professora de l’EPSI

La docente, activa en la Escuela desde hace un año, es abogada, criminóloga, directora de seguridad privada y experta en prevención de riesgos en espacios de ocio y deportes. Cuando interviene en las aulas del Edificio Blanco, sin embargo, es para abordar la perspectiva de género en seguridad y prevención.

28/06/2019

- Eres una profesional muy activa en las redes sociales y, como formadora especializada en prevención y perspectiva de género en espacios de ocio y deportes, has empezado el verano en tu perfil de Twitter incorporando un tweet fijo sobre esto... ¿Hay más riesgos en esta época?
Sí, creo que las redes sociales son una buena manera de comunicar, compartir y difundir buenas prácticas, recomendaciones y artículos, y sensibilizar sobre algunos temas. Para mí son una herramienta fundamental de mi día a día. Trabajo en seguridad en eventos multitudinarios, sobre todo para gestionar cuestiones muy concretas (menores, asistentes con necesidades especiales...) y, en materia de prevención de la violencia sexual en entornos de ocio y en el ámbito deportivo, trabajo mucho en la detección e intervención ante estas conductas, redacción de protocolos y atención a las personas afectadas. Las estadísticas confirman que, a pesar de que los delitos contra la libertad sexual se producen durando todo el año, en los eventos masivos del verano hay más. Aun así, no debemos criminalizar el ocio ni la noche, sino comprender que en estos contextos puede haber acercamiento y captación de potenciales víctimas. La agresión sexual a menudo se produce fuera del recinto donde se ha hecho esta captación y, por eso, todos tenemos que aprender a detectar las situaciones de riesgo para evitar delitos más graves fuera de nuestro espacio.

- Precisamente, acaba de salir la sentencia del Tribunal Supremo sobre el caso de ‘La Manada’ por unos hechos ocurridos en las fiestas de San Fermín, en el verano del 2016. Un juicio que ha sido muy mediático por la controversia con que ha sido tratado este caso... ¿Crees que ha sido un punto de inflexión este suceso?
El problema de la violencia sexual en los espacios de ocio era tratada de manera minoritaria, a nadie le interesaba lo que decíamos, ni querían implantar protocolos... Si se tomaban medidas eran al margen de la coordinación general de la seguridad de la actividad. Pero desde los hechos de Pamplona de 2016 ha habido más sensibilización e interés para entender, por ejemplo, qué diferencia hay entre un “abuso” y una “agresión sexual”, o qué era esto de la "intimidación ambiental”. Además, nos ha permitido reflexionar sobre el consentimiento en las relaciones sexuales. Que finalmente se haya calificado como violación, con el aumento de la condena y el ingreso inmediato en prisión, ha sido muy importante para superar la sensación de impunidad que parecía que había hacia estas conductas.

- ¿Donde se falla más en este tipo de acontecimientos: en la sensibilización, la detección o la atención?
La sensibilización/prevención es donde más tenemos que trabajar puesto que en esta fase hay toda la tarea de formación, de revisión de la seguridad del recinto o la actividad, y crear materiales que visibilicen en un espectáculo la tolerancia cero con los comportamientos inadecuados. Solo con esta formación podremos detectar la violencia sexual, saber qué tenemos que hacer según la conducta que nos encontramos y atender correctamente a las personas afectadas.

- Dentro de los cuerpos de seguridad también ha habido casos de abusos y actitudes discriminatorias hacia las mujeres. ¿Por qué el mundo de la prevención y la seguridad carece de perspectiva de género?
Es una cuestión estadística y cultural. Según si hablamos de seguridad pública o privada, y según qué tipo de cuerpo policial, las mujeres tenemos una presencia del 7%-25%. Todavía hay mucho trabajo por hacer para incorporar nuestra perspectiva en el mundo de la seguridad. Tenemos que trabajar todos juntos, hombres y mujeres, incorporando nuestra mirada, nuestras necesidades y nuestros puntos fuertes.

- ¿Donde se evidencia esta carencia de perspectiva de género?
Desde el temario que se estudia para acceder a ser un profesional de la seguridad privada -donde no hay ni un solo tema sobre los delitos contra la libertad sexual, solo un apartado relativo a la violencia de género-, el estudio de las necesidades de uniformidad según el cuerpo del hombre y de la mujer, o el enfoque de la prevención de riesgos laborales según si el trabajador es hombre o mujer, hasta la falta de planes de seguridad que incluyan también la violencia de género y los delitos contra la libertad sexual. Hay que dar más visibilidad a la mujer profesional de la seguridad y contar con ella como experta en congresos, jornadas, cursos de formación... Hoy en día, todavía hay conferencias donde los ponentes son todos hombres o la presencia de la mujer es ridícula. Aunque estoy convencida de que en todos los ámbitos de la seguridad podemos encontrar, como mínimo, una experta.

- Y en cuanto al ámbito administrativo, ¿qué piensas ante noticias como la llegada de Vox al poder en Andalucía, donde cuestionan la tarea de los profesionales de los servicios públicos de evaluación de víctimas de violencia de género “por su ideología radical”?
Cada día que pasa se pone más en evidencia la nula formación y sensibilización que algunos partidos tienen en este ámbito y cómo quieren difundir un mensaje que está más que superado. No podemos entrar en su juego, no se tiene que retroceder en ningún ámbito -igualdad, derechos LGTBI, etc- y, por supuesto, tampoco podemos hacer ni un solo paso atrás en la lucha contra la violencia de género. No es ideología, no dejemos que sus teorías ensucien todo el trabajo hecho. Estamos hablando de prevención del delito: de salvar vidas. En este tema me preocupa especialmente cómo se falsean los datos oficiales y cómo se contamina la realidad. Hace pocos días, unos alumnos me hicieron parar la clase porque me decían, absolutamente convencidos, que los delitos relacionados con la violencia de género los habían sacado del Código Penal, puesto que eran inconstitucionales porque discriminaban al hombre. Aseguraban que lo habían oído en la televisión y que habían recibido muchas noticias en este sentido y, si profesionales de la seguridad caen en estas trampas, no vamos bien.

- A los estudiantes del Grado de la Escuela, que serán futuros profesionales del sector, ¿qué les intentas transmitir?
Mis clases sobre la incorporación de la perspectiva de género en la seguridad son un espacio de reflexión y de trabajo conjunto sobre cómo podemos mejorar la seguridad cubriendo carencias que hasta ahora no se han advertido por la falta de la visión de la mujer en el sector. Por ejemplo: cómo introducimos en el plan de seguridad estos criterios, cómo revisamos un recinto y los entornos con la visión de los riesgos que puede haber para una mujer, qué necesidades pueden tener las usuarias, las asistentes y las vigilantes, etc. Uno de los ámbitos poco tratados son las diferencias de comportamiento en hombres y mujeres ante una situación de emergencia o una evacuación por incendio, por ejemplo. Si no conocemos estas diferencias no estamos protegiendo bien a todos los asistentes. Un ámbito más conocido que también tengo que recordar en las clases son los primeros auxilios: si los síntomas del infarto de una mujer y de un hombre no son iguales, y solo se conocen los síntomas cuando afecta a un hombre, nuestra formación no es completa.

- ¿Qué buenas prácticas podemos encontrar hoy en día en la prevención y la seguridad con perspectiva de género?
Antes de hablar de buenas prácticas, hay aspectos legales que también hay que cumplir: tener un plan de igualdad, un plan de prevención de acoso, tener medidas para víctimas de violencia de género... Tienen que ser documentos que no estén en el cajón, sino que sean eficaces y que se activen cuando sea necesario. En el sector de la seguridad hay que hacer mucha formación en igualdad y en derechos humanos. Si tenemos protocolos y no formamos al personal, o no marcamos las conductas que no se permiten y sus consecuencias, no sirve de nada. Una buena práctica seria enfocar la prevención situacional con ojos de mujer, que ya se está haciendo en algunos municipios, con las llamadas “marchas exploratorias”. También es importante redactar e implantar los protocolos contra la violencia sexual en entornos de ocio y deportivos con perspectiva de género, y así serán documentos que servirán para proteger a todos: hombres y mujeres. También se tiene que pensar en mejorar la seguridad de las mujeres embarazadas, por ejemplo, indicando una ubicación segura en un acontecimiento de masas. Para las familias con niños, se pueden aplicar buenas prácticas para facilitar a una madre asistir a un concierto y sentirse segura con sus hijos pequeños. Se pueden reservar asientos recomendados para menores –en las gradas-, con buena ubicación para no sufrir el exceso de decibelios, prever donde los padres pueden dejar los cochecitos, o crear espacios tranquilos como sala de lactancia, etc. En la perspectiva de género, que no solo favorece a la mujer, también se tienen que poner sobre la mesa necesidades no cubiertas del hombre: hace unos años, por ejemplo, si un padre iba a un concierto con su bebé, no podía cambiarle los pañales en un cambiador si no era entrando en el lavabo de mujeres. Esta necesidad se detectó y ya se está cubriendo poniendo los cambiadores en zonas comunes o en ambos lavabos. El bienestar de los asistentes es un factor fundamental para su seguridad.

- En la Escuela hay un incremento de la presencia femenina. ¿Qué impacto crees que tiene esto en la formación universitaria del ámbito de la prevención y la seguridad?
Este dato es absolutamente positivo. No podemos ser unos buenos profesionales de la seguridad si no tenemos en cuenta la visión y las necesidades de la mitad de la población y el hecho que haya cada vez más profesoras y mujeres estudiantes enriquece el sector por toda la experiencia, vivencias, pensamientos y manera de hacer que podemos aportar y añadir a la visión de los hombres.

 

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