La luz solar y la precisión en los nutrientes, claves del éxito de la agricultura urbana
Factores como la luz solar y la aplicación de nutrientes en cada etapa de crecimiento determinan el éxito de las cosechas en la agricultura urbana.
Así lo demuestra un estudio que ha llevado a cabo el ICTA-UAB durante ocho años en el invernadero de la cubierta de su edificio —conectado e integrado térmicamente con el propio inmueble—, ubicado en el campus universitario.
La investigación, que evaluó once ciclos de cultivo de tomate entre los años 2015 y 2023, analiza cómo optimizar la producción de alimentos en las ciudades de manera sostenible y reducir su impacto ambiental. El análisis pone de manifiesto que acciones como renovar periódicamente las cubiertas de plástico y utilizar alternativas como fertilizantes recuperados de aguas residuales maximizan los resultados y evitan la contaminación.
Respecto a la radiación solar, el estudio identificó que la cantidad de luz disponible es el factor más determinante para la productividad. Sin embargo, la degradación natural y progresiva de los paneles de plástico del techo del invernadero por el paso del tiempo provocó una caída de la producción del 31 % a lo largo de los ocho años. Cuando se sustituyeron los paneles deteriorados en el año 2023, la cosecha se disparó más de un 56 % respecto al año anterior. Los investigadores recomiendan renovar estas cubiertas con una periodicidad de entre cuatro y seis años, en lugar de cada diez años como suelen indicar los fabricantes, para así mantener la alta productividad y reducir la huella de carbono global entre un 6,7 % y un 7,7 %.
En el ámbito de la nutrición vegetal, el equipo estudió el uso de estruvita, una sal fertilizante rica en fósforo recuperada directamente de las plantas de tratamiento de aguas residuales urbanas. «Aplicada en una dosis optimizada de 100 gramos por planta, la estruvita permitió obtener las cosechas de tomate más altas de todo el estudio e igualar el rendimiento de la fertilización mineral convencional, pero con una ventaja ambiental decisiva: redujo drásticamente la contaminación de las diferentes masas de agua por escorrentía de fertilizante», indica Guido Evangelista, investigador del ICTA-UAB y primer autor del estudio.
Asimismo, la investigación comparó el invernadero de la azotea con un cultivo de tomate llevado a cabo en un espacio cerrado de interior iluminado artificialmente con LED. Aunque logró una gran eficiencia en el uso del agua, el sistema de interior registró la huella ecológica más elevada: 7,06 kg de CO₂ equivalente por kilo de tomate, y el consumo de electricidad fue el responsable de más del 93 % de este impacto, en comparación con la emisión de entre 0,54 y 0,94 kg de CO₂ equivalente de los ciclos más eficientes del invernadero de azotea. El estudio calcula que si la electricidad fuera de origen 100 % solar fotovoltaico, la huella del cultivo interior se reduciría un 87 %, hasta los 0,93 kg de CO₂ equivalente, lo que demuestra que la producción en espacios cerrados no es automáticamente la opción más sostenible, si no está asociada a fuentes renovables.
En conjunto, el estudio señala que la agricultura urbana sostenible no se logra mediante una única gran solución, sino gracias a años de ajustes pequeños pero precisos: un enfoque de aprender haciendo (learning by doing) que podría ofrecer lecciones prácticas para huertos urbanos e invernaderos de azoteas de otras partes del mundo.
Artículo de referencia: Evangelista, G., Villalba, G., Orsini, F., Muñoz-Liesa, J., Arcas-Pilz, V., & Gabarrell, X. (2026). Sustainable resource optimization for tomato cultivation in a rooftop greenhouse: an 8-year case study. Agronomy for Sustainable Development, 46, 49. https://doi.org/10.1007/s13593-026-01118-6