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04/06/2018

El problema difícil de la consciencia: ¿una solución imposible?

El problema difícil de la consciencia
Ignacio Morgado-Bernal, director del instituto de Neurociencias de la UAB, plantea en el siguiente texto una aproximación al problema difícil de la consciencia, sobre el proceso mediante el cual nuestro cerebro es capaz de convertir los mecanismos neurales en interpretaciones subjetivas, y sobre la posibilidad de la resolución de este problema.

La naturaleza de la consciencia sigue siendo uno de los principales problemas en neurobiología. A pesar de que los avances recientes sugieren que tarde o temprano tal vez podamos entender los mecanismos neurales subyacentes a la consciencia, parece más difícil entender cómo la actividad neural genera la experiencia subjetiva, el llamado “hard problem” o problema difícil de la consciencia. ¿Pero, la solución es difícil o imposible?

Cuando analizamos los mecanismos neurales subyacentes a la consciencia buscamos determinar la dinámica espacial y temporal del cerebro que la hace posible. Sin embargo, cuando nos preguntamos cómo el cerebro convierte la actividad neural en subjetividad, ¿qué tipo de respuesta esperamos? ¿Podría un algoritmo informático, una fórmula matemática o algo relacionado con un nuevo tipo de energía satisfacer ese requerimiento científico? ¿Sabemos entonces qué es lo que estamos buscando? Quien escribe cree que no. En el debate sobre este problema, el nobel Francis Crick cuestionó si los qualia, es decir, los contenidos de la consciencia, pueden ser explicados por lo que conocemos como ciencia moderna. La naturaleza aparentemente intratable de este problema hace también que muchos científicos lo eviten y aborden sólo los correlatos neurales de la consciencia, el llamado “soft problem” o problema fácil de ella.

¿Hay entonces una solución para el hard problem de la consciencia? Personalmente, creo que no, y lo justificaré con la siguiente metáfora. Para producir una comida sabrosa se necesita una buena receta, ingredientes adecuados y frescos y cocinar. Por supuesto, la secuencia y la temporalidad del proceso de cocina son críticos, pero ¿qué podría añadirle al resultado final el saber por qué o cómo la combinación correcta de ingredientes y su cocinado origina el sabor final? ¿Mejoraría ese conocimiento el sabor de la comida? ¿Daría a lo cocinado algún otro tipo de ventaja o propiedad? Probablemente no.

La selección natural tiende a promover características útiles en los seres vivos. Por ello, el conocimiento de los mecanismos neurales de la consciencia tendrá sin duda consecuencias positivas en los ámbitos clínicos o educativos, pero conocer la naturaleza íntima de la subjetividad, aparte de satisfacer nuestra curiosidad científica, podría ser de escasa o ninguna utilidad para mejorar las capacidades cerebrales y los mecanismos cognitivos que esas capacidades hacen posible. Ese conocimiento tendría poco valor adaptativo.

La consciencia evolucionó en respuesta a los retos del medio ambiente en que viven y se desarrollan los seres vivos. Es decir, para sobrevivir, los animales tuvieron que desarrollar flexibilidad mental y conductual, que es lo que aporta la consciencia. Nuestra capacidad para entender la consciencia evolucionará, quizá dentro de millones de años, cuando nuevas condiciones ambientales hagan necesario ese conocimiento. El precio a pagar por ello serán sin dudas nuevas preguntas también difíciles de responder y ahora inimaginables.

Ignacio Morgado-Bernal
Director del Instituto de Neurociencias
Universidad Autónoma de Barcelona

Referencias

 
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