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07/2008

Alan Berliner, documentalista

"Las mejores películas nos plantean preguntas sobre nuestra identidad"

El director de cine Alan Berliner es uno de los documentalistas norteamericanos más destacados de la actualidad. Especialista del montaje y el uso de material de archivo (en The Family Album, utilizó exclusivamente fragmentos de películas caseras ajenas), se ha destacado indagando la naturaleza de las relaciones familiares y, en sus últimas películas, ha desarrollado un innovador cine en primera persona donde él mismo y su familia toman el protagonismo. Ha recibido premios y distinciones alrededor del mundo y su obra ha sido revisada en diferentes retrospectivas en el Museo de Arte moderno de Nueva York (MOMA) y en varios festivales internacionales. Berliner presentó su última película, Wide Awake, en la sala de cine de la Plaza Cívica, e impartió una clase magistral, en el marco de la tercera edición del Premio de Cine Ensayo de la UAB.

El director de cine Alan Berliner es uno de los documentalistas norteamericanos más destacados de la actualidad. Especialista del montaje i el uso de material de archivo (en The Family Album, utilizó exclusivamente fragmentos de películas caseras ajenas), se ha destacado indagando la naturaleza de les relaciones familiares y, en sus últimas películas, ha desarrollado un innovador cinema en primera persona donde él mismo y su familia toman el protagonismo.

Ha recibido premios y distinciones alrededor del mundo y su obra ha sido revisada en diferentes retrospectivas en el Museo de Arte moderno de Nueva York (MOMA) y en varios festivales internacionales.

- ¿Qué es, en su opinión, el cine de ensayo?

- Cualquier film. Las mejores películas nos plantean preguntas sobre nuestra identidad: quiénes somos, de dónde venimos, qué podemos ser. Hacen de la pantalla una ventana a nuestras vidas. A veces, nos hablan sobre cómo viven las personas y cómo los humanos interactúan entre sí. Por otra parte, la mayoría de las buenas películas convierten la pantalla en un espejo y hacen que el espectador se observe a sí mismo y se interrogue. Las buenas películas deben hacer que te preguntes cómo ves el mundo y "cómo encajas" en él.

- También se habla de una difuminación de la frontera entre el cine documental y el cine de ficción.

- Me gusta establecer puentes y conexiones entre las cosas y crear formas híbridas y maneras diferentes de contar historias. Es una frontera muy estimulante y requiere mucha reflexión. Se trata de combinar cosas que mantienen sus límites (sus formas documentales, narrativas, ficcionales...), pero, a la vez, abren la posibilidad de una tercera cosa, algo que no hemos visto todavía o que aún no ha sido realmente comprendida. El beneficio de eso es que nos hace repensar las formas de narrar. Borrando esas fronteras, se ponen en cuestión elementos de la vida y de la sociedad que creíamos tener por la mano. Y eso es lo que yo espero de las nuevas formas cinematográficas.

- ¿Cree que estas nuevas dinámicas están penetrando en el cine norteamericano?

- Sí, por supuesto. Pero yo ya no pienso en el cine norteamericano, sino en el cine mundial. Lo que mejor hace Hollywood es un cierto tipo de blockbusters. Pero, más allá de eso, busques donde busques, hay muchos ejemplos de otras películas que se están viendo por todas partes -en Cannes, en el New york Film Festival, en el Sundance Film Festival...-, de las que se habla mucho y que están ganando premios. Incluso son exhibidas en los cines. Se está dando una especie de globalización de en el mejor sentido: culturas y voces que están rompiendo sus fronteras.

- Su obra ha sido expuesta en el MOMA. ¿Los museos son un nuevo espacio adecuado para la proyección de películas o, al menos, de un cierto tipo de cine-arte?

- Me gusta que mis películas sean vistas en un contexto artístico. He hecho también esculturas e instalaciones, y pongo mis películas dentro de ese contexto. Así es como siempre me he visto a mí mismo: como alguien que viene de un bagaje artístico. Para mí, exhibir mis películas en los museos es especialmente gratificante porque ése es el medio al que realmente pertenezco. Y, para ser sincero, hay sólo un problema en exhibir una película en un museo: los visitantes de un museo están "programados". Tú vas a un museo y ves, por ejemplo, una pintura; empleas un tiempo con ella y luego vas a ver otra, y luego otra, y otra, etc. Cuando la gente no va a un museo específicamente para ver una película, le resulta duro emplear una hora u hora y media en la proyección. Por eso, a menudo, cuando se exhibe una película en un museo, hay gente que va entrando y saliendo de la sala. Los cortometrajes son más apropiados.

- Usted afirmó en una entrevista que las imágenes de las películas caseras son “mentira” porque dan una imagen falsa de la familia en la que no hay conflictos ni dolor. ¿Sus películas buscan esa verdad que no se ve en las home movies convencionales?

- Lo intento. Hice un film titulado The Family Album a partir de películas caseras de los años 20, 30 y 40. Durante una época, vi más películas caseras que nadie en el mundo, y sólo vi a una persona llorando. Una sola vez. Hay más de lo que ve el ojo en las imágenes de una película casera: historias que hay detrás de las imágenes, fuera de campo. Hay toda una rama de la psicología llamada "fototerapia". Por ejemplo: la manera como la gente se sitúa frente a la cámara -quién se pone en el centro, cómo los hijos forman un círculo alrededor- revela quién es el centro de poder en la familia, si hay amor, etc. Las películas son más espontáneas porque captan la realidad de una manera más fortuita. Intento que mis películas sean honestas con ellos, que reflejen cómo vivían. A veces, lo que vemos es feo, otras es divertido... Pero siempre es algo que nos hace pensar en quiénes somos y en cómo vivimos.

- ¿Por qué decidió pasar de los collages a partir de material ajeno a hacer películas sobre usted mismo y su entorno familiar?

- Nunca me lo había planteado antes. Cuando hice The Family Album, la gente me consideró, en cierta manera, un experto en la familia. Me sorprendió, es una interesante posición. Pero pensé: "no puedes ser un experto en la familia sin serlo en tu familia". Dieciséis años antes de que acabara The Family Album, mi abuelo había muerto cuando estaba escribiendo su autobiografía. Había dejado, en la oficina de mi tío, cajas y cajas que no había tocado nadie. A mí me gusta trabajar con cosas encontradas (imágenes, palabras, sonidos...). Así que dije: "déjame abrir las cajas y hacer una película sobre mi abuelo y a ver qué pasa". Me pareció encontrar un tesoro de magníficos materiales para hacer una película sobre mi familia.

- Jean-Luc Godard dijo que el plano es "una cuestión moral". ¿Dónde cree que se sitúa esa dimensión moral: en el rodaje, en el montaje o en ambos?

- Absolutamente en los dos. Nada existe fuera de un contexto. Cuando tomas imágenes del mundo con la cámara, estás omitiendo algo. Estás haciendo una realidad, enmarcándola. Tomas decisiones y haces elecciones morales y éticas. También lo haces luego, cuando coges una imagen y la colocas en el flujo de una película, la "recontextualizas". A veces, unas imágenes que fueron tomadas por un motivo son utilizadas por otro muy distinto. Hay mucho poder en la manipulación, en el acto de producir imágenes, yuxtaponerlas y narrar con ellas.

- Para acabar, querría preguntarle qué opina usted sobre esa idea que corre actualmente acerca de la muerte del cine. ¿Estamos en un momento de extinción o de renovación?

- Creo que nada está muriendo, sino cambiando. Hay nuevas cámaras más pequeñas, nuevas mesas de montaje, etc. Todo se está volviendo más manejable, más adaptable a las posibilidades de cada uno. Ahora hay más personas que hacen películas y que se consideran realizadores. De hecho, la palabra "film" se está convirtiendo en un término genérico. También la distribución a través de Internet transformará la producción mediática. You Tube ha hecho que cualquiera pueda hacer algo y mostrarlo públicamente. Nada ha muerto, quizás sólo algunos viejos valores están muriendo. Pero, más que muriendo, están mutando en nuevas formas. La tecnología es cada vez más sofisticada pero la usa cada vez más gente, y gente más joven. Una película ya no es algo que hace otra gente, sino algo que puede hacer cualquiera en su casa, a su manera. Ya veremos qué pasa. Es un final abierto.

Entrevista: Lucas Santos

 
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