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"Es necesario que la gente se implique y se haga oír, porque sino desde las instituciones sólo oímos los grandes poderes"

Ismael Peña-López

Entrevista a Ismael Peña-López, Economía UAB '96, director general de Participación Ciudadana y Procesos Electorales de la Generalitat de Catalunya. Hablamos con él de su trayectoria, de la relación entre las TIC y la democracia y de las últimas elecciones en tiempos de Covid-19, entre otros temas.

05/05/2021

Ismael Peña-López, Economía UAB '96, trabajó durante muchos años en gestión universitaria en la UOC, donde después fue profesor en las áreas de impacto de las tecnologías, administración electrónica y ciberderecho.


Actualmente es director general de Participación Ciudadana y Procesos Electorales de la Generalitat de Catalunya. Hablamos con él de su trayectoria, de la relación entre las TIC y la democracia y de las últimas elecciones en tiempos de Covid-19, entre otros temas.

 

Te titulaste en Economía en la UAB en 1996, ¿porque escogiste esta titulación en la UAB?
Me gustaban las matemáticas, pero yo venía del mundo de los Escoltas y quería tener un impacto social. La idea del campus me gustaba mucho y coincidió que se creó una línea de autobús que iba de Mataró al campus de la Autónoma directo. No fue vocación, fue todo un poco casualidad.

¿Cómo fue tu experiencia en la Universidad?
La Autónoma me cambió mucho la manera de ver el mundo. Significó conocer gente que pensaba diferente a mí, con una extracción social o un ámbito cultural muy diferente. En el campus había mucha vida, encontré gente que estaban muy interesados en música, que ensayaban a unos locales que había en Medicina. Aprendí a tocar el saxo y tocaba con una gente de Barberá del Vallés que no conocía de nada, con los que coincidí en clase.

Y una vez terminada la carrera, ¿cuáles fueron los primeros pasos profesionales?
La vivencia de Bellaterra hizo que quisiera emanciparme. Mientras estudiaba, hice unas oposiciones de administrativo en la Autónoma, una prueba piloto basada en competencias, y en quinto ya compaginaba estudios y trabajo. Estuve cuatro años en la secretaría de la Facultad de Políticas, y conocí a gente muy potente. Primero mis compañeras de trabajo, unas máquinas. Después, Arcadi Oliveres, Raül Romeva, Rafael Grasa, Joan Subirats, Quim Brugué, con el mismo espíritu que llevaba yo de transformar el mundo. Expertos en políticas públicas, con experiencia en la exclusión social, el desarrollo local ... y eso me llevó a querer hacer el doctorado en Economía.

Y ¿en qué momento, se cruza en tu vida la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)?
Estuve los 2 años de doctorado, y tuve un momento de crisis importante. Como no estaba en la Academia ni estaba dentro de una beca doctoral, no se me abrió ninguna puerta y me fue imposible encontrar un director de tesis. Esto me frustró mucho, detuve la tesis, y justo en ese momento me salió un trabajo en la UOC, era en 1999.

Trabajas durante 18 años en la UOC. ¿Cuáles fueron los primeros proyectos?
Cuando entro, es una universidad muy pequeña, éramos 200 personas, estaba todavía definiendo su modelo. En ese momento, había muy poca gente en el mundo que hubiera tocado temas de internet y aprendizaje y yo en la UAB había trabajado con el Centro de Estudios Olímpicos y utilizábamos mucho Internet. Estuve un tiempo trabajando en la gestión académica con un componente muy innovador y por este conocimiento de la tecnología, del impacto social, de la transformación y de las organizaciones, entré durante cinco años a dirigir el programa de cooperación al desarrollo. En 2001 era un tema muy innovador, no había prácticamente nada en España de transformación social con la tecnología. Estuvimos reconocidos con un informe de Naciones Unidas como una de las experiencias más interesantes de voluntariado online de las primeras que hubo en todo el mundo.

En una segunda etapa en la UOC, trabajas como profesor. ¿Cómo fue ese cambio?
Sí, con mi trabajo, aprendí muchas cosas sobre el impacto de la tecnología en el desarrollo, y tenía ganas de poner por escrito todo lo que había aprendido. Hice la tesina que tenía pendiente y luego propuse al rector de la UOC de hacer la tesis ya como profesor. Entré como profesor en la Facultad de Derecho y Ciencia Política con el compromiso de hacer la tesis, y fue una de las primeras tesis sobre brecha digital e impacto de nuevas tecnologías en las instituciones, en 2009. La tesis habla de desarrollo y su medición. E influido por la parte de las nuevas tecnologías y la educación, me fui centrando en las instituciones que llevan este desarrollo. Poco a poco, voy acotando hasta llegar a mi especialidad que son los movimientos sociales, el empoderamiento ciudadano. No es tanto como deben cambiar los gobiernos, sino qué herramientas deben dar a los ciudadanos para que ellos tomen las riendas de su desarrollo, y eso te lleva rápidamente a lo que es gobierno abierto, transparencia y participación ciudadana.

Un momento clave para ti fue el 15M.
Sí, a mí me gusta decir que di cobertura aérea al 15M, no fui un impulsor, ni estuve acampado, aunque participé en asambleas. Mi papel, juntamente con otros compañeros, fue desde la Academia explicar qué estaba pasando, qué impacto podía tener, intentar que la agenda pública lo comprendiera. Yo creo que fue, y aún lo afirmo hoy, diez años después, un punto de inflexión de la democracia en España. Hay una tormenta perfecta, se junta una democracia joven, comparada con el resto de Europa, con un momento de madurez de utilización de la tecnología y, por último, unos movimientos sociales que vienen de la crisis del 2008 o anteriores, que han sido muy desatendidos. Fue un momento crucial, el impacto que ha tenido en términos de transparencia y de datos abiertos es alucinante, no hay marcha atrás, es imposible. Esto no quiere decir que sea indoloro, ni que sea la ortodoxia o la nueva hegemonía, todavía queda mucho por recorrer.

Por tu área de experiencia, tu posicionamiento e implicación, en 2018 te nombran director general de Participación Ciudadana y Procesos Electorales de la Generalitat de Catalunya.
Ernest Maragall me dice que quieren volver a montar la Dirección General de Participación Ciudadana, que había funcionado durante los dos gobiernos del tripartito. Pero el mundo había cambiado radicalmente. ¿Como deberíamos hacerlo? Además, en un momento donde tenemos mucho populismo, fascismo, mucha anti política. ¿Qué deberíamos hacer para combatir esta anti política y este fascismo? Con la participación y sobre todo con las nuevas tecnologías.

Y ¿cuales son los retos principales de la Dirección?
Yo diría que hay tres. Primero, crear la Dirección y explicar tanto al mundo como al propio Govern qué hacemos, qué misión tiene, qué estrategia de desarrollo a medio y a largo plazo. El segundo es más político, el gran reto de esta legislatura ha sido recuperar la confianza en la gobernanza, después de un 155, después de un primero de octubre, inhabilitaciones presidentes, con dos partidos en el Gobierno que han tenido las sus diferencias, con un Parlamento totalmente atomizado que le ha sido muy difícil construir nada. Aquí ha sido muy difícil la tercera pata que es como hacemos un nuevo modelo de participación, como transformamos la administración y las instituciones públicas para que la ciudadanía confluya o concurra con los gobernantes.

¿Como estamos a nivel de participación ciudadana en Cataluña?
Actualmente, hay más de 100 municipios que utilizan de forma regular plataformas de participación ciudadana, ya sea para convocar a los ciudadanos o gestionar los procesos participativos. Casi el 100% de ellos utilizan plataformas de transparencia y datos abiertos, y más o menos un 15% de ellos hacen presupuestos participativos al año. Esto es algo que hace 10 años era impensable. Y pienso que una de las diferencias que hay en Cataluña con el resto de España es que el consenso tanto técnico como político es tan amplio, que no se ha hecho de la participación algo partidista como ha ocurrido en otros municipios donde los cambios de gobierno lo han puesto en crisis. Ha habido un cambio muy bestia, y eso está haciendo casi inevitable una transformación de la administración, a mí se me haría muy raro pensar que en esta decimotercera legislatura no habrá un cambio profundo en la administración de la Generalitat porque la presión que hay en estos momentos es muy grande. Y creo que tanto el 15M como el independentismo han hecho que la ciudadanía tenga un papel mucho más fundamental en el policy making y en la agenda setting y haga inevitable este cambio.

¿Qué supone para la ciudadanía participar en un proceso participativo y decidir sobre algún tema de forma colectiva?
Hay dos objetivos muy diferentes en la participación, uno es instrumental y el otro es estratégico. El instrumental es que la ciudadanía ayude a la administración a mejorar la idea o proyecto que ya tenía y hacerlo más eficaz y eficiente, porque dirija mejor las necesidades de la ciudadanía. Y, por otro lado, los problemas son cada vez más complejos, más difíciles de gestionar y de diagnosticar incluso. Y hacerlos participativos, ayuda a legitimar la decisión. Y aquí tenemos otro problema que arrastramos del pasado, el alejamiento de la administración o de los políticos de la ciudadanía, fruto de cómo seleccionamos los políticos dentro del partidos, y cómo se pliegan a una política más comunicativa y más de relato y menos ejecutiva, y que lleva a la negación de la política y de las instituciones, a la anti política que acaba con populismo y fascismo.

¿Qué se gana, pues, con esta parte más estratégica?
Recuperar el ciudadano para que fortalezca las instituciones. No es tan importante participar, sino que la gente comprenda las decisiones públicas, y al revés, que el político comprenda que lo que él creía que era un diagnóstico certero, es al revés, ese problema tan sencillo es mucho más complicado. Uno de los candidatos a las elecciones al Parlamento de Cataluña dijo en el programa ‘Els Matins’ de TV3, que el presupuesto de la Generalitat eran veintitantos millones de euros, con esto no funcionan ni 10 escuelas durante un año, el presupuesto es más de 1000 veces más. Es necesario que la gente se implique, se haga oír, se manifieste, porque sinó desde las instituciones sólo oímos a los grandes poderes y eso hace que los diagnósticos sean malos, que la gente esté desencantada. Es un tema mucho más de comprensión mutua que de encontrar las soluciones.

Hablabas de populismo y de fascismo. Por primera vez una fuerza política de extrema derecha ha entrado en el Parlamento catalán. Más participación ciudadana y más comprensión de las decisiones colectivas ¿es igual a menos fascismo y menos populismo?
He vivido muy mal esta entrada de la extrema derecha en el Parlamento, porque el fascismo es la negación, no sólo de lo colectivo, sino del individuo. Niega el derecho a ser personas a mucha gente y el hecho de que entre en las instituciones hace que institucionalice este discurso de que hay gente que no son ciudadanos, cuando se supone que las instituciones públicas deberían hacer todo lo contrario, velar por la garantía y el ejercicio de los derechos. Yo creo que hay muchos ámbitos que tenemos que decidir colectivamente, sobre todo porque tenemos otra amenaza además del fascismo, que son las grandes corporaciones, que persiguiendo intereses legítimos, lo que hacen es tomar decisiones que afectan a lo colectivo. Se están comportando como grandes estados, y de facto, toman decisiones que deberían tomar los estados de forma democrática. Para combatir estos grandes poderes que están sacando poder a los estados, lo que estamos haciendo es llevar un caballo de Troya dentro de casa que es el fascismo, que acaba de debilitar, esta vez de dentro, las instituciones que deberían combatir estas grandes corporaciones. Para mí, la entrada de Vox es esta doble preocupación, quita poder de decisión y de actuación a las instituciones y, además, las debilita frente a otro gran poder que nos puede llevar a un régimen más o menos feudal en relativamente pocos años, como está pasando con las grandes plataformas globales.

Tu Dirección tiene una segunda vertiente, la de Procesos Electorales. ¿Como han sido las elecciones en un contexto de pandemia?
El mundo había cambiado completamente. Todo el procedimiento habitual saltaba por los aires, no valían muchas cosas de las que teníamos preparadas de siempre y tuvimos que reinvertarlas casi de 0. Empezamos a reinventarlo en mayo o junio, viendo lo que está pasando en el País Vasco y Galicia, y a partir de septiembre u octubre, lo empezamos a desplegar a toda máquina. Pero de nuevo todo salta por los aires con la tercera ola, que hace que queramos aplazar las elecciones, el recurso del TSJC, y el rechazo social que hay.

A la sociedad se nos plantea elegir entre salud y democracia, y son dos temas muy susceptibles.
Nuestra máxima preocupación en julio era cómo conseguir que al día siguiente de las elecciones aquí no hubiera un grave conflicto civil porque nadie aceptaba los resultados y todo el mundo lo impugnaba de una manera o de otra. Hay un falso dilema sobre salud y democracia, en todo el resto de los países del mundo, lo que se hace es eliminar el dilema, la salud es lo primero sí o sí. Pero a pesar de que haya esta supeditación, se deben hacer compatibles los dos, porque la democracia o la economía son de primer orden. Lo que pasa en todo el mundo, menos en España, es que cuando los tribunales habilitan al Gobierno para hacer unas elecciones, hacen a la vez las acciones que hagan falta para poder hacer aquello de forma segura, por ejemplo, habilitando el voto subrogado a terceros, las urnas móviles o el voto en días anteriores para distribuir la gente, pero aquí no.

¿Cuál es la valoración que haces del proceso electoral?
Creo que funcionó bien porque, aunque hubo mucha griterío a redes, el resto de los actores, las administraciones, los ciudadanos y los medios de comunicación hicieron un acto de responsabilidad muy importante. Tenemos datos para afirmar que no hubo un impacto en la sanidad pública, ningún cambio en la tendencia de los contagios. Pudieron votar el 52%, puede parecer poco, y seguramente ha tenido un impacto negativo, pero no es mayor que el que han tenido otros países. La gran crítica es que no era necesario tensionar tanto a la sociedad. Después de escuchar a la televisión las noticias sobre gente muriendo, decirles que tienen que ir a votar, no es lo mejor para una campaña electoral o para una democracia. Además del desgaste que ha habido en la administración.

El voto electrónico hubiera podido ser una solución. ¿Estamos caminando hacia esta posibilidad en algún momento?
Sí y no. Había una propuesta de ley catalana de voto electrónico para expatriados en la 11ª legislatura que en el momento que hay el 155 decae, se vuelve a llevar al Parlamento a la 12ª legislatura, en octubre de 2018, y no se tramita. No se aprueba básicamente por dos motivos, porque no hay quórum en el Parlamento para discutir prácticamente nada, y la otra, por miedo, es una ley que todavía en muchos ámbitos puede quererse relacionar con un 1-O y puede cogerse de coartada para, nuevamente, reprimir duramente el Parlamento. La Ley del Régimen Electoral General (LOREG) tiene dos partes, una son cuestiones que sólo pueden decidirse en el Congreso para toda España, pero hay otra parte que da mucho margen a las leyes electorales de cada comunidad autónoma, pero Cataluña es la única que no tiene. Creo que es urgente ponerse a trabajar en una ley electoral catalana, al menos la parte de procedimiento. Y así, podríamos decidir si podemos votar en diferentes días, votar electrónicamente o digitalizar, por ejemplo.