“Generan conocimiento de manera colectiva y lo ponen al servicio de la sociedad, no del individuo”
Hacemos un repaso a su trayectoria en proyectos de investigación vinculados a comunidades indígenas. ¿Como crean conocimiento? ¿Como se adaptan a la economía de mercado?
24/01/2020
Victoria Reyes-García, Historia UAB ‘94, hace más de 20 años que estudia las comunidades indígenas. Vivió cuatro años con la comunidad tsimane, en el Amazonas boliviano, y des del 2006 es profesora de investigación ICREA, asociada al Instituto de Ciencia y Tecnologia Ambientales de la UAB.
Recientemente ha recibido una beca Proof of Concept del ERC para crear una Red Indígena de Observación del Impacto del Cambio Climático, orientada a llevar el conocimiento y las perspectivas indígenas a los fórums sobre cambio climático.
¿Por qué escogiste estudiar Historia?
Soy de Nou Barris, un barrio obrero, y me interesaba mucho el tema de los movimientos sociales y la lucha obrera, y es por eso que decidí hacer Historia. Mis profesores de bachillerato estaban escandalizados porque yo era muy buena estudiante y todo el mundo me decía que tenía que hacer alguna ingeniería, pero a mí me interesaba mucho la parte social. Trabajaba y estudiaba por las tardes, en un ambiente diferente con personas más grandes con muchos intereses y fue muy enriquecedor.
¿Cómo fuiste enfocando tu carrera hacia la investigación?
Mientras estudiaba estaba muy vinculada a movimientos sociales e hice una clase de Historia Económica impartida por Joan Martínez Alier, una figura referente dentro de la Economía Ecológica. A partir del segundo año, compaginé los estudios con el trabajo de asistente de investigación con este profesor y así entré en contacto con el mundo de la investigación.
¿Y, una vez acabaste Historia?
Cuando acabé, Joan Martínez Alier cogió un año sabático y se fue a Ecuador y me dijo que fuese a hacer un máster Hice el master en Estudios Amazónicos y empecé a interesarme por temas indígenas. Estaba implicada en un proyecto sobre cómo las mujeres usan los recursos naturales de manera diferente a los hombres en los contextos amazónicos y la persona que dirigía el proyecto, la antropóloga Marianne Schmink, me ofreció la posibilidad de ir a Estados Unidos a hacer el doctorado en Antropología. Allí en la Universidad de Florida conocí a otros profesores, y uno de ellos tenía un proyecto en el Amazonas de Bolivia.
¿Cuál fue tu línea de investigación de doctorado finalmente?
Hice la tesis estudiando qué pasa con el conocimiento indígena cuando las comunidades empiezan a tener acceso a la economía de mercado, a comprar cosas, a vender sus productos y dejan de ser autosuficientes. También estudié los cambios en su economía, la salud o la alimentación. Allí en los EEUU conocí a mi compañero, él es agrónomo, y decidió dejarlo todo y venir a Bolivia conmigo a vivir con los tsimane, un grupo indígena que vive en medio del Amazonas. Finalmente, nos quedamos cuatro años, mis hijas mayores nacieron allí.
¿Cómo es el día a día estudiando una comunidad indígena? ¿Cómo te ganabas su confianza?
Son procesos muy largos, al final sí que hablaban un poco el idioma, pero normalmente trabajas con un traductor. Primero tienes que tener los permisos a la nación, después tienes que hablas con la organización indígena, ellos te aconsejan y vas a una comunidad donde tienes que explicar qué quieres hacer y pedir permiso para hacerlo. Si finalmente te dicen que sí y a tú te encuentras bien, empiezas un proceso de buscar donde vivirás, con una familia o a veces te puedes hacer una casa, porque son construcciones muy sencillas en cuanto a materiales.
Y una vez establecido, ¿cuál es el primer paso?
Los primeros meses te los pasas yendo al río, hablando con la gente, haciendo entrevistas para entender cómo viven, cómo comen, qué hacen, porque no puedes hacer ninguna investigación si primero no tienes el contexto, y cuando ya después de todo este tiempo, te sientes cómodo, te das cuenta que han pasado seis meses. Después de este período, sí que puedes empezar a hacer una investigación más estructurada y a saber poner las preguntas. Es un proceso largo y no está hecho para todo el mundo, te sientes solo, porque nadie habla como tú, porque la gente hace cosas que no entiendes. Pero es muy enriquecedor, porque acabas conociéndote a ti también y donde están tus límites. Son sociedades que a veces han estado muy abusadas y cuando vas allí no saben si también quieres quitarles las tierras. Si el carácter acompaña, puedes hacer muy buenos amigos, yo he vuelto ahora al lugar donde hice mi tesis hace 20 años y la gente cuando te ve se ponen muy contentos y yo también de verles.
¿En qué situación se encuentra esta comunidad?
Cuando yo llegué hace 20 años era un grupo de cazadores-recolectores, vivían en un área protegida y tenían un poco de agricultura, muy sencilla. Solo se podía llegar en canoa, la mayoría de la gente no hablaba castellano, solo su lengua indígena, pero con el tiempo, ha habido un proceso de integración en el mercado, en el sentido, por ejemplo, que el gobierno ha puesto escuelas. Esto no está mal, porque son unas escuelas dónde se enseñan cosas que a veces están un poco descontextualizadas. Por otra parte, las empresas de extracción de madera han llegado y contratan a la gente para hacer trabajos a cambio de dinero, la agricultura ya no la hacen de subsistencia, venden más, se ha construido una carretera y hay cobertura móvil. En 20 años ha habido unos cambios muy grandes, han pasado de una situación de auto subsistencia de ser un grupo cultural muy fuerte, a estar muy expuestos.
¿Habéis llevado a cabo algún proyecto de desarrollo con esta comunidad?
Sí, es muy importante conservar el territorio para conservar su identidad. Para mantener su forma de vida necesitan un territorio si no, por ejemplo, no podrían cazar. Entonces uno del proyecto que hicimos, fue ayudarles a mapear el territorio de manera que cuando el gobierno quiere llevar colonos o dar estas tierras, ellos puedan demostrar que usan este territorio y que es suyo. Hemos hecho proyectos de introducción de algunas variedades agrícolas que compaginen bien con su agricultura, por ejemplo, cuando se acaba el cultivo, poner otro ciclo corto de alimentos para las gallinas. Pero el principal objetivo de nuestro grupo de investigación no es el desarrollo, toda la investigación que he hecho ha contribuido a poner en valor el conocimiento indígena. En los últimos 20 años ha habido una revaloración del conocimiento indígena a nivel político y social.
Y actualmente, trabajas en el Instituto de Ciencias y Tecnología Ambientales (ICTA).
Llegó un momento en el que nos dijeron: “Tenéis que salir de aquí, porque si no os quedareis toda la vida” y nosotros también queríamos coger un poco de distancia. Conseguí una plaza como investigadora ICREA (Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats), y eso me permite estar aquí asentada, pero también me da flexibilidad para mi vida personal. La institución que me acoge es el ICTA, porque, aunque soy antropóloga y mi investigación es con grupos indígenas, también está relacionada con temas ambientales y aquí hay una diversidad que me permite relacionarme con gente de otras disciplinas. Los últimos años mi investigación la han financiado primero un proyecto del ERC (European Research Council) para estudiar precisamente como la estrategia local ha ayudado a la adaptación del medio ambiente, y ara hace un año y medio o dos años gané otro para estudiar los efectos del cambio climático en los grupos indígenas con una perspectiva global. Además, trabajo como el conocimiento indígena podría ayudarnos con los impactos del cambio climático.
¿A qué conclusiones llegasteis?
La adaptación de los humanos al medio ambiente es una adaptación física, hemos aprendido a caminar de pie, a utilizar el pulgar, nuestro cuerpo ha evolucionado, pero hay una parte de los antropólogos que dicen que también ha habido una adaptación cultural, hemos evolucionado a una cultura que nos ayuda a adaptarnos y parte de esta cultura se transmite socialmente. Con el estudio queríamos analizar cuál es el papel del conocimiento tradicional en este proceso de adaptación. En nuestra sociedad, si tienes más estudios, ganas más, la pregunta era; en el caso de los indígenas, ¿si tienes más conocimientos de plantas medicinales, tienes mayor salud?
¿Y cuál fue la conclusión?
Vimos que, si una persona tiene más conocimiento de caza, por ejemplo, efectivamente caza más, pero esta persona no tiene una mejor alimentación o salud, no está relacionado, porque eso que caza, lo comparte. Una de las conclusiones de este estudio es el hecho de compartir conocimiento, es lo que hace que una sociedad se adapte. Es decir, no solo es importante generar conocimiento, sino también la manera en el cual este conocimiento se pone al alcance. En nuestra sociedad generamos conocimiento a modo de patente “este es mi conocimiento”, en cambio, estas sociedades indígenas primero generan conocimiento de manera más colectiva y después se pone al servicio de la sociedad, no tanto al servicio del individuo. Analizamos, pues, que hay otras maneras de generar conocimiento que benefician más a la sociedad y no tanto al individuo.