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Universitat Autònoma de Barcelona
Departamento de Medios, Comunicación y Cultura

Carme Ferré-Pavia: "Necesitamos pasar de la concienciación climática a la acción colectiva"

15 may 2026
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La directora del Departamento de Medios, Comunicación y Cultura y del grupo de investigación Comress reflexiona sobre el proyecto YEN-Youth EcoNarratives y el papel de la comunicación ante la emergencia climática

Projecte YEN

En un contexto marcado por la emergencia climática y la necesidad de transformar la preocupación social en acciones concretas, la Dra. Carme Ferré-Pavia, profesora y directora del Departamento de Medios, Comunicación y Cultura de la UAB y del grupo de investigación Comress, lidera el proyecto Juventud rural y narrativas del cambio climático (YouthEcoNarratives, YEN).

La iniciativa, desarrollada por el grupo Comress con el apoyo de la Fundació Catalana per la Recerca i la Innovació (FCRI), ha contado con la participación de las investigadoras Iliana Ferrer y Luisa Martínez-García, y la colaboración de los doctorandos Karen Abrego y Andrés Silva. El proyecto ha trabajado con alumnado de 14 años de institutos de Amposta, Cassà de la Selva y Cabrera de Mar para que elaboren videominutos sobre su mirada de la crisis climática y las posibles formas de actuar ante los retos ambientales.

En esta entrevista, la Dra. Ferré-Pavia explica el origen del proyecto, la metodología de las “4P” y la importancia de generar narrativas capaces de transformar la concienciación climática en acción real.

¿Cómo nace el proyecto YEN?

El proyecto surgió a raíz de la preocupación por la emergencia climática y del papel que podía tener la comunicación ante esta situación. Desde la academia nos preguntábamos qué podíamos aportar desde nuestra disciplina. Nos dimos cuenta de que existe un “action gap”, es decir, sabemos que hay una crisis climática, pero a menudo no pasamos a la acción. A partir de aquí decidimos trabajar con jóvenes, que son quienes vivirán con mayor intensidad las consecuencias de esta emergencia, y hacerlo desde las narrativas y la comunicación audiovisual.

¿Por qué decidieron trabajar con jóvenes de territorios rurales?

El proyecto estaba vinculado a una convocatoria centrada en juventud rural, pero también nos interesaba analizar cómo los diferentes territorios condicionan la percepción de la crisis climática. No es lo mismo vivir en el Delta del Ebro, donde el territorio desaparece progresivamente, que en el Maresme, donde la regresión de la costa afecta infraestructuras como la línea de tren. También hay zonas afectadas por contaminación del suelo o problemas relacionados con la agricultura. Nos interesaba que los jóvenes hablaran de los problemas cercanos a su entorno.

¿Qué papel tienen los videominutos dentro del proyecto?

Queríamos que el proyecto fuera participativo y aplicado. El videominuto es un formato audiovisual consolidado y, al mismo tiempo, muy cercano a los usos comunicativos de los adolescentes, especialmente en las redes sociales. Los participantes crean piezas de un minuto con teléfonos móviles para expresar su mirada sobre la crisis climática y proponer posibles acciones. La idea era combinar alfabetización audiovisual y educación climática.

A menudo se habla de las “3R”.  Ustedes proponen las “4P”. ¿En qué consisten?

Nos dimos cuenta de que muchos jóvenes seguían asociando la acción climática exclusivamente a reducir, reutilizar y reciclar. Esto está bien, pero suele limitarse al ámbito doméstico o escolar. Por eso propusimos las “4P”, una metodología narrativa basada en mensajes que sean próximos, positivos, precisos y posibles. Queríamos que las propuestas fueran concretas y aplicables, y que ayudaran a los jóvenes a pensar también en el barrio, el pueblo o el territorio.

El proyecto también se ha desarrollado fuera de Cataluña. ¿Qué dimensión internacional tiene?

Hemos trabajado, ya fuera de la financiación de la FCRI, en Nueva Zelanda y en Brasil, y también existe la voluntad de ampliar el proyecto a Mozambique y Colombia. La idea es comparar cómo los jóvenes de diferentes contextos territoriales y culturales explican la crisis climática. A pesar de las diferencias entre países, estamos observando que factores como la formación climática o el contexto educativo resultan muy importantes.

¿Qué les ha sorprendido más de la manera en que los adolescentes entienden la crisis climática?

La gran dificultad es superar este marco de las “3R”. Es una idea muy interiorizada desde pequeños. Sin embargo, también hemos visto que cuando hay una formación climática previa o contextos educativos más implicados, aparecen narrativas más elaboradas y propositivas. Por ejemplo, en el grupo que analizamos  en 2024 en Nueva Zelanda, en una estancia de investigación Erasmus K171, algunos jóvenes plantearon acciones relacionadas con la protección de dunas o con alternativas a los combustibles fósiles. Esto muestra que la formación previa, como tenían en ese caso, es determinante.

El proyecto culminó con un Festival del Videominuto en la UAB. ¿Qué impacto tuvo?

Fue una experiencia muy positiva. Llevamos a estudiantes de diferentes institutos a la universidad para que pudieran compartir sus trabajos y conocer otras realidades. Además de proyectar los videominutos, organizamos actividades participativas para reforzar las “4P” y fomentar el intercambio entre los grupos. Era importante que vieran la universidad como un espacio cercano.

¿Qué falta para que la concienciación climática se transforme en acción real?

Hay que entender que todos podemos actuar desde nuestro ámbito. Si realmente creemos que tenemos un papel político como ciudadanos, también tenemos una responsabilidad a la hora de fiscalizar a los poderes públicos y exigir que se cumplan los compromisos climáticos. Si no coordinamos nuestras narrativas como ciudadanos y no pedimos lo mismo de una manera positiva, próxima y posible, será muy difícil incidir políticamente. Hay municipios que ya están aplicando medidas de resiliencia climática. Yo soy de Alcanar, un pueblo que ha sufrido varias catástrofes climáticas en los últimos años y que ha empezado a adaptar espacios urbanos para que el agua pueda circular mejor en lluvias  torranciales y barrancadas. Si un municipio pequeño puede empezar a hacer estos cambios, otros también pueden. Se puede avanzar si hay voluntad política.

Redactor: Sergi Pérez Estévez

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