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09/06/2015

La asimilación hispánica de Karl Jaspers antes de la posguerra

Karls Jaspers (Oldenburg, 1883 – Basilea, 1969), doctor en medicina y profesor de universidad de psicología y filosofía, deísta y casado con una judía, se ha convertido en un símbolo de multiculturalidad. Ya desde los años veinte, su polifacética y versátil obra incidió –a veces, distorsionadamente– en diversas disciplinas (en especial, la psiquiatría y la filosofía) y en autores de ideologías contrapuestas, tal como analiza el autor de este artículo aportando nuevos datos sobre la asimilación hispánica de su obra.

Karl Jaspers (Oldenburg, 1883 – Basilea, 1969), habiendo abandonado los estudios de derecho, se doctoró en medicina por la Universidad de Heidelberg, de la que fue profesor de psicología y, después, de filosofía. Deísta de padres protestantes para los que la religión era más bien una convención social y casado con una judía, se ha convertido en emblema de multiculturalidad. Aunque ya en 1920 José Miguel Sacristán lo citó en un artículo sobre patografía de las vanguardias, su pensamiento se proyectó más mediante una síntesis actual: Die geistige Situation der Zeit (1931), publicada dos año después, en traducción de Ramón de la Serna, por la editorial Labor, con el título de Ambiente espiritual de nuestro tiempo.
 
En la psiquiatría, la propuesta jaspersiana fue percibida a veces como un intento de armonizar las concepciones organicistas –aun habiéndolas criticado– con las espiritualistas, pero se le decantó frecuentemente hacia esta posición, si bien considerando que modernizaba el psicologismo superando el freudismo con el análisis filosófico. Sobre todo a raíz de los debates de los años treinta en torno a la «antropología existencial», se enmarcó también en esta otra corriente. En especial, se apreciaron las aportaciones a la psicopatología, en la que Allgemeine Psychopathologie (1913) se convirtió en un manual de referencia. Apreciado por Sacristán, Gonzalo Rodríguez Lafora y Emili Mira, incidió en muchos otros psiquiatras, entre ellos, Antonio Vallejo-Nájera y Joan Josep López Ibor, cabecillas de la psiquiatría durante el franquismo. Más en general, la concepción humanística jaspersiana de la medicina impregnó sobre todo a Pedro Laín Entralgo, que inducirá la tesis de Luis Martín-Santos La influencia del pensamiento de Guillermo Dilthey sobre la psicopatología general de Karl Jaspers y sobre la anterior evolución del método de la comprensión en psicopatología (1953).

En la vertiente filosófica, se situó a Jaspers en las ramificaciones fenomenológicas, a pesar de su distanciamiento de Husserl, o en la filosofía existencial o «de la vida», asimilado o contrapuesto a Martin Heidegger, que a menudo lo eclipsa. La reseña de Ambiente espiritual de nuestro tiempo por José Antonio Maravall en la Revista de Occidente reclamaba ya la anticipación de las concepciones orteguianas a las jaspersianes, pero también la reivindicó José Ortega y Gasset mismo. A diferencia de la admiración que le profesará Antonio Millán-Puelles, Jaspers tampoco cuajó mucho en otros filósofos relativamente afines (Xavier Zubiri, Vicente Gaos, Joaquim Xirau, Eduard Nicol, Josep Ferrater Mora...), aunque lo tomaron en consideración en varios aspectos, al igual que hizo Francesc Mirabent sobre todo en el campo de la estética.

Los variados tintes ideológicos de Jaspers permitieron que fuera esgrimido desde diferentes tendencias políticas y la ignorancia de su oposición al nazismo favoreció su aceptación franquista. La preocupación psicológica y sociológica le confiere proyección en la pedagogía, como ilustra la incidencia en Joan Roura-Parella y, posteriormente, en Octavi Fullat y Joan-Carles Mèlich, profesores de la UAB. En cuanto a la religión, se le valoró el diagnóstico de la crisis «espiritual» y la condición de creyente, a menudo reprochándole que no rebasara el deísmo o, por confusión o intencionadamente, catolizándolo.

El análisis jaspersiano de la cultura, que hace hincapié en la masificación, interesó al musicólogo Adolfo Salazar y a los críticos literarios César Barja, Guillem Díaz-Plaja, Ramon Esquerra y Josep Maria Corredor i Pomés. Concha Espina, madre del traductor de Ambiente espiritual de nuestro tiempo, citó a Jaspers para defender el «egregio individualismo» en una novelita sentimental al servicio de la propaganda del bando fascista, muy lejos de la incidencia jarspersiana en el autor de Tiempo de silencio (1961), el mencionado Martín-Santos.

En los años treinta se acuña ya el término existencialismo (como ilustran las referencias de Antonio Machado y las olvidadas de la Revista de Psicologia i Pedagogia), aludiendo a marcadas tendencias filosóficas. De todos modos, aún no se habían cohesionado lo suficiente para constituir un movimiento de gran impacto, como el forjado por Jean-Paul Sartre en la posguerra, en el que Jaspers será incluido, como otros pensadores, a pesar suyo.
 
Esta investigación se ha llevado a cabo en el marco de los proyectos FFI2011-25051 Escriptors Catalans de la República (1931-1936) i HAR2012-36204-C02-02 Scientific Authority in the Public Sphere in Twentieth-Century Spain.
 

F. Xavier Vall i Solaz
Departamento de Filología Catalana
Centro de Historia de la Ciencia (CEHIC)

Referencias