Entrevista a Patricia Aymà, alumni del grado de Biotecnología ’15
“Es necesario que la sociedad esté dispuesta a pagar por los cambios que demanda.”
“Emprender te enriquece a todos los niveles y permite impulsar acciones reales para solucionar problemas.”
30/06/2026
Patricia Aymà, entrenadora de bacterias, presidenta y CTO de Benviro, es alumni del grado de Biotecnología y mentora del programa Mentoria UAB desde su primera edición. En 2026 ha sido galardonada con el Premio Princesa de Girona CreaEmpresa, un reconocimiento a su liderazgo por utilizar la ciencia para rediseñar los materiales del futuro, su impacto en el ámbito de la biotecnología sostenible y su trayectoria emprendedora.
– ¡Enhorabuena! ¿Qué ha supuesto este Premio Princesa de Girona CreaEmpresa 2026?
Muchas cosas: visibilidad para la empresa y también a nivel personal. Me han elegido como referente, algo que al principio cuesta creer, porque no piensas que hagas las cosas mejor que los demás. Es un reconocimiento al trabajo de explicar qué hacemos y cómo lo hacemos, y quizá también de inspirar. Confío en que habrá chicas que, al verme, se planteen que ellas también pueden hacer cosas que hasta ahora ni se habían imaginado porque no tenían referentes. Necesitamos muchas más referentes femeninas.
– ¿Qué hizo que te decidieras a desarrollar bioplásticos 100% biodegradables a partir de residuos orgánicos?
Cuando estudiaba Biotecnología me enamoré de los bacterios. Me di cuenta de que tienen mucho potencial: pueden intervenir en procesos para generar productos y servicios que mejoran el medio ambiente. Sentía que había que hacerlo realidad, que la idea debía tener impacto en la sociedad, y hacerlo a través de una empresa. Se convirtió en mi propósito.
– Actualmente, ¿cuál es tu propósito?
Desarrollar productos y servicios que contribuyan a mejorar el planeta mediante el uso de bacterias, con el objetivo de eliminar los efectos negativos de los microplásticos en la salud y el medio ambiente.
– ¿Confías en la ciencia como motor de cambio?
100%, en todos los ámbitos de la vida. Me gusta aplicar el método científico a todo: es un motor de cambio.
– ¿Cómo se aplica este método?
Implica crear hipótesis, recopilar datos, analizarlos, extraer conclusiones y volver a formular nuevas hipótesis.
– Además de la ciencia, ¿qué más hace falta?
Que la sociedad esté dispuesta a pagar por los cambios que demanda. El mercado se mueve por el precio. Podemos crear productos innovadores y sostenibles, pero la innovación muchas veces está asociada a un coste. Hay mucha I+D+i detrás de los bioplásticos, que tienen prestaciones que no tienen los plásticos derivados del petróleo, por lo que no pueden costar lo mismo. Los plásticos más baratos no incorporan los costes externalizados que acaba pagando la sociedad. Aparentemente son más baratos, pero a largo plazo resultan más caros.
– ¿Cuáles son los retos de la sostenibilidad?
Romper la barrera del precio y conseguir que se perciba el valor real. La naturaleza no entiende el plástico derivado del petróleo y no puede degradarlo, igual que nuestro cuerpo no entiende la acumulación de microplásticos en el cerebro, los ovarios o la placenta. Esto genera inflamaciones, son elementos extraños en nuestro organismo. Los estudios avalan la tendencia hacia la sostenibilidad, pero es imprescindible que la sociedad entienda que el plástico orgánico sí se biodegrada y eso tiene un coste. Para romper la barrera del precio hace falta mucha comunicación y campañas de marketing. Por eso hago divulgación, explicando el gran potencial de las bacterias para producir mejores productos y servicios.
– En Benviro entrenáis bacterias para que produzcan bioplástico. ¿Cómo lo hacéis?
Aislamos bacterias de su entorno natural para transformarlas y entrenarlas para que produzcan bioplásticos. Las introducimos en un reactor donde las alimentamos con residuos orgánicos, en la cantidad exacta que necesitan para obtener los mejores bioplásticos. Es economía circular: transformamos un residuo en materia prima para conseguir un producto final.
– ¿Qué dificultades os habéis encontrado?
Empezamos en 2018 con el objetivo de producir un único material y en 2023 lo conseguimos. Entonces nos dimos cuenta de que, en el sector del plástico, trabajar con un solo material no es una ventaja competitiva y limita las oportunidades. A partir de ahí tuvimos que desarrollar bioplásticos con distintas propiedades. La clave es adaptarse al mercado. Ahora somos expertos en elaborar diferentes bioplásticos biodegradables.
– Actualmente, ¿os enfrentáis a otros obstáculos?
Sí, el precio en el mercado. Es necesario que se perciba el valor económico de las prestaciones que aportan los materiales orgánicos.
– ¿Qué es lo más reconfortante de emprender?
Ver que la suma de pequeños pasos acaba dando resultado. Lo bonito de emprender es que creces como persona en todos los niveles. Haces muchas cosas distintas —investigación, recursos humanos, contabilidad— y, si no las haces directamente, necesitas entenderlas para tomar decisiones. Emprender te enriquece en todos los niveles y permite impulsar acciones reales para solucionar problemas.
– ¿Recomendarías emprender?
No a todo el mundo. Hay momentos muy duros. A menudo tienes que sacar tu mejor versión, aprendes constantemente, debes formarte y ser autocrítica: es una experiencia de humildad. Puedes quedarte sin nada o pasar meses sin cobrar. Lo recomiendo como experiencia vital si estás dispuesta a asumir riesgos.
– Sigues vinculada a la UAB como mentora desde la primera edición del programa Mentoria UAB. ¿Qué te motivó a dar este paso?
Me gusta ayudar y compartir conocimiento. Cuando tienes más experiencia ya has resuelto muchas dudas; si tu opinión puede ayudar a que otras personas se sientan menos inseguras y tengan más información para decidir su siguiente paso, vale la pena hacerlo.
– Cuando elegiste estudiar Biotecnología, ¿sabías a qué querías dedicarte?
Me imaginaba trabajando con bacterias a cualquier nivel. Cuando estaba en bachillerato fui a una feria donde estudiantes de Biotecnología explicaban que estaban modificando bacterias para producir una proteína que añadirían al arroz como complemento alimentario para países en desarrollo.
– ¿Cómo recuerdas tus años de estudiante en la UAB?
Muy positivos. Aprendí muchísimo, recuerdo la calidad del profesorado y también un gran crecimiento personal.
– Ahora que sigues en contacto con estudiantes, ¿cómo describirías su entrada al mundo laboral?
Estamos en un entorno muy competitivo donde todo el mundo tiene acceso a la información y sabe venderse, pero a menudo tienen expectativas económicas que no se ajustan a sus conocimientos. Sería útil que en las universidades se explicara mejor cómo funciona el mercado laboral: cobrarás más si aportas un mayor valor diferencial, trabajas más horas o asumes más riesgos. Si no, te regirás por las normas del mercado. Hoy en día, para puestos júnior se exige mucha experiencia, lo que lo complica todo. Por eso, si tienen la oportunidad de hacer prácticas —aunque sean poco remuneradas o incluso sin remuneración— conviene verlo como una inversión, porque entrar no es sencillo.
– Eres un referente para las nuevas generaciones. ¿Tuviste tú algún referente?
Siempre tuve presente a Marie Curie, aunque la sentía lejana. Más que referentes científicos, tenía referentes del ámbito tecnológico, como Sheryl Sandberg, exdirectora operativa de Meta. Faltan referentes científicos que impulsen el sector.