"Lo más liberador en esta vida es romper tus propios esquemas"
Entrevista a Jenny Moix, Psicología UAB y doctorada UAB ’91, es profesora a la UAB, divulgadora, y ha escrito libros como ‘Felicidad flexible’ o ‘Mi mente sin mí’.
16/07/2020
Jenny Moix, Psicología UAB '86 y doctorada UAB '90, tenía claro que se dedicaría a la Psicología desde pequeña. Es profesora en la UAB, divulgadora, y ha escrito libros como 'Felicidad flexible' o 'Mi mente sin mí'.
Estos últimos meses, ha colaborado con la Fundación Galatea para dar apoyo psicológico a los profesionales de la salud durante la epidemia de la Covid-19. Hablamos con ella sobre su trayectoria.
¿Por qué decidiste estudiar Psicología?
Todo comenzó cuando yo era pequeña. Los niños a veces piensan que tienen súper poderes, y yo pensaba que el mío era el de arreglar cualquier problema. Cuando iba en coche con mis padres y discutían sobre cosas, yo siempre les decía que me lo explicaran para poderlo solucionar. A los 9 años, tiraba botellas al mar con un mensaje: "Si tiene problemas, llame a Jenny Moix", con mi número de teléfono. Obviamente, nadie me llamó nunca. A los 11 años, en la biblioteca de mi escuela, en un libro me encontré con la palabra psicología, y desde entonces me enfoqué hacia la Psicología.
Hiciste la licenciatura y el doctorado en la UAB y ahora eres profesora. Toda una vida.
Sí, entré con 17 años, y ahora tengo 56. Siempre lo digo, la UAB es como mi casa, me siento muy identificada. Me gustó la carrera, tuve un profesor, Ramón Bayés, que nos explicaba el poder de la mente sobre el cuerpo, temas que a mí me parecían muy misteriosos y realmente fue cuando pensé que me gustaría quedarme en la universidad. El Ramon ha sido como una especie de padre académico, después me dirigió la tesina, tesis, y todavía estoy en contacto con él.
Tu tesis se titula 'Influencia de la Evaluación cognitiva y las estrategias de afrontamiento en la ansiedad: su valoración en pacientes quirúrgicos'. ¿Como has ido enfocando tus líneas de investigación académica?
Una anestesista estaba haciendo una tesis con pacientes quirúrgicos, es decir, con gente que se ha de operar. Los evaluaban parámetros fisiológicos como la adrenalina, el cortisol, toda una serie de hormonas. Y con Ramon, analizamos el factor psicológico. Nuestro objetivo era ver si el estado psicológico de la gente antes de la operación, incide en estos parámetros fisiológicos y por tanto incide en la recuperación. Lo que se ha concluido, tanto nosotros como otros investigadores, es que cuanto más tranquilo está un paciente antes de la operación, más rápido y con menos dolor y complicaciones pasa todo el proceso. Por tanto, no sólo es importante el tema de la medicación, sino también la ayuda psicológica a los pacientes. En aquella época, aquí, fuimos los primeros en afirmarlo.
Y terminaste trabajando con pacientes con dolor crónico.
Sí, cuando trabajaba con pacientes quirúrgicos en el Hospital Parc Taulí, una anestesista me dijo que sería muy útil trabajando sobre el dolor, con gente que ha tenido alguna enfermedad y les ha quedado un dolor crónico. Al principio no tenía ni idea, y pregunté: ¿es el dolor lo que les provoca ansiedad y depresión, o son estos lo que les provoca el dolor? No sabía la dirección de la causalidad. Pero se trata de un círculo vicioso que se retroalimenta, el dolor hace que tu estado de ánimo esté mal a la vez que esto hace que segregue una serie de hormonas, etc, que hacen que el dolor aumente. Y el objetivo es romper el círculo, porque el dolor no provoque más sufrimiento de la cuenta. Y de rebote, se reduzca el dolor.
Escribiste dos libros sobre el tema: 'Manual del dolor' y 'Cara a cara con tu dolor'.
Era un momento en que no había muchos psicólogos en los hospitales y menos tratando el tema del dolor y yo veía que realmente la psicología con pacientes crónicos tenía mucho sentido y mucha gente mejoraba, así fue cuando me lancé a escribir sobre el dolor crónico. Ahora actualmente no estoy en el Hospital con los pacientes, pero indirectamente sigo vinculada, dirigiendo tesis sobre el tema, por ejemplo.
¿Como es tu experiencia como profesora?
Ahora mismo, hago una asignatura que me encanta, ‘Atención y percepción’, donde explico que cada uno de nosotros, está en un mundo diferente, si yo de repente entrara en la mente de otra persona, sería un shock, lo vería todo a través de unos pensamientos diferentes. Les cuento como la atención y la percepción, modela el mundo en el que estamos, y que por ello un psicólogo, debe ser un especialista en cómo atendemos y que percibimos. Hago esta asignatura en primero y otra en cuarto, me gusta porque veo los alumnos tal como entran, entusiasmados, inocentes, vírgenes, y los alumnos como salen, con miedos y a la vez ilusionados, porque les espera la vida real.
Un tema muy relacionado con los prejuicios.
Sí, los prejuicios, metafóricamente, son como las gafas, y cada uno las tenemos diferentes. Vivimos en una sociedad que todo el tiempo estamos juzgando a través de nuestras gafas. Y algo muy curioso es que todos pensamos que tenemos la razón. En mi libro 'Felicidad flexible' hablo de las rigideces de todos. Lo más liberador en esta vida es romper tus propios esquemas, el libro de hecho, se subtitula 'Atrévete a romper tus propios esquemas', porque cuando rompes un esquema, el mundo se hace muy ancho. Si enciendes la televisión, tanto si pones un programa como Sálvame Deluxe, o un debate en el Congreso de los Diputado, en todas partes es lo mismo, se trata de criticar al otro, de mirar el mundo desde tu punto de vista y creer que tienes la razón. No vemos una perspectiva constructivista, todo está concebido como un sistema de enemigos.
Tu último libro se titula 'Mi mente sin mí'. ¿Qué significa? ¿Hay un nosotros que no es nuestra mente?
Cuando hago alguna conferencia sobre este tema, le digo a la gente que cierre los ojos un minuto, respire e intente estar atento a la respiración. La gran mayoría de la gente no puede estar atenta a la respiración, y los pocos que pueden, si alargáramos el tiempo, no podrían. Porque, aunque quieras estar atento, entran los pensamientos sin pedirnos permiso. Siempre que voy a conferencias llevo un mono de peluche, y explico que estos pensamientos que nos entran son la mente del mono, saltan de un pensamiento a otro, al igual que el mono salta de rama en rama, pero hay el 'mi', una parte de ti que se da cuenta que entra un pensamiento y vuelve a la respiración. Por lo tanto, hay una parte de nosotros más allá.
¿Y por qué es importante entender esta diferencia?
Normalmente decimos que queremos relacionarnos mejor con la gente: con la pareja, familia, amigos, compañeros de trabajo, pero realmente la relación más importante, básica y fundamental es la que tienes tú con tu mono. Si esta relación está bien, las otras relaciones tendrán tendencia a estar bien, si esta está mal, el resto estarán fatal. Y si te quieres relacionar bien con tu mente, el primer paso es conocer cómo funciona, qué complejos tienes, qué alegrías.
Has estado en contacto con personal sanitario durante la crisis de la Covid-19. ¿Como ha sido la experiencia?
Me llamaron de la Fundación Galatea, que se dedican a cuidar los profesionales de la salud, y me dijeron que, en el Hospital General de Cataluña, un hospital de referencia de la Covid-19, querían a alguien que tratara los médicos. Me explicaron la situación tan intensa que estaban viviendo los equipos médicos: decisiones de vida o muerte, falta de material, el miedo a contagiarse y contagiar a los familiares. Era una situación muy desesperada. Cuando me lo dijeron, lo viví con mucha responsabilidad. Me pregunté: ¿qué puedo hacer yo en esta situación? Porque era enseñar a nadar en un tsunami. Pero pensando en ello llegué a la conclusión de que esta situación, dentro de la excepcionalidad, era como todas.
¿En qué sentido?
Hay una situación externa, y la gente la vive de una determinada manera, pero cada uno la vive de una manera diferente, no depende de la situación sólo, sino sobre todo de tu mente, de tus gafas, de cómo tú ves la situación y entonces me puse a trabajar con el tema de conocerte a ti mismo, trabajar como veía cada uno de ellos la situación, como la miraban, como reaccionaban...
Los que no son profesionales sanitarios, ¿también hubieran podido mirar esta pandemia de una forma diferente?
Yo, como psicóloga, creo que los humanos tenemos una inteligencia brutal, pero la malgastamos peleando los unos con los otros, preocupándonos, agobiándonos con nuestros miedos. Y eso es lo que hemos hecho en esta crisis. Imagínate que se hubiera inventado una píldora de la serenidad y se la hubiera tomado todo el mundo desde los políticos, administrativos, profesionales sanitarios, enfermos, familiares ... todo hubiera sido muy diferente, porque sin miedos, nuestras capacidades escondidas, que son muchas, hubieran aparecido en escena. Lo hubiéramos afrontado mucho mejor, habría sido una historia diferente. No nos ha matado sólo la Covid-19, sino también lo que nos ha provocado emocionalmente.
Como sociedad, ¿hemos aprendido algo de esta crisis?
No sé si hemos aprendido algo como sociedad. Supongo que individualmente algunos habrán aprendido y otros no. Creo que como sociedad lo que deberíamos aprender es a ser más humildes. Como estamos en el siglo XXI, pensamos que ya hemos llegado al máximo y que lo tenemos todo controlado, pero es una falsa ilusión de control. Por eso este virus nos ha trastornado tanto. Había gente que se indignaba sólo haciendo un poco de cola en un supermercado. Es una muestra que el equilibrio interior se basa en cosas muy superficiales, somos poco adaptables. Debemos tener un equilibrio más profundo, ver la esencialidad de la vida. Si fuéramos más humildes, nos costaría menos adaptarnos a la realidad tal como viene.