"En el sector del libro no hay ningún día igual, porque cada libro es diferente"
Entrevista a Germán Bartolomé, máster en Edición, Escritura y Redacción UAB '16, fundador de El Punto Volado, la primera editorial de autoedición en catalán. Ha trabajado durante más de tres años en el mundo editorial, y durante la pandemia decidió emprender su propio proyecto.
03/06/2021
Germán Bartolomé, máster en Edición, Escritura y Redacción UAB '16, descubrió su pasión por la edición durante sus estudios de Lengua y Literatura Española. Trabajó durante más de tres años en el mundo editorial, y durante la pandemia decidió emprender su propio proyecto; El Punt Volat, la primera editorial de autoedición en catalán.
Fue el ganador del IX Premio CIEU-FEiE a la persona más emprendedora en la categoría Alumni UAB, el pasado mes de mayo. Hablamos de su trayectoria, de todo el proceso que hay detrás de la edición de un libro y de sus retos de futuro.
Estudiaste el grado en Lengua y Literatura Española en la Universidad de Girona. Y posteriormente, hiciste el máster en Edición, Escritura y Redacción en la UAB. ¿Por qué elegiste estos estudios?
Me gusta mucho leer y por eso decidí estudiar Filología. Cuando terminé, no sabía a qué me dedicaría, pero me di cuenta de que era un maniático de los libros, tenía predilección por algunas ediciones o escogía un libro porque el aparato crítico lo había hecho un estudioso en concreto. Muy fetiche. Y pensé en dedicarme al mundo de la edición. Encontré el máster de la Autónoma y fue brutal, los profesores del máster eran gente del gremio y venían personas que eran editores, correctores, agentes, scouts y te sentías muy identificado.
Hiciste unas prácticas en Penguin Random House, ¿como fue la experiencia?
Tuve mucha suerte, las hice en la división Infantil y Juvenil. Tenía diferentes tareas y una de las que más me gustaba era valorar manuscritos, es decir, yo era el primer filtro de las obras que la gente nos enviaba para publicar. También redactaba contracubiertas, archivos comerciales, para que los comerciales pudieran vender los libros en las librerías, encargaba y revisaba pruebas de color en imprenta, etcétera. Me sentía como si estuviera en la primera división, era apasionante.
Y encuentras tu primer trabajo en la editorial Gregal.
Sí, al finalizar el máster, empecé a buscar trabajo y no encontraba nada, y en la editorial Gregal buscaban un comercial para representar la editorial en las librerías. Cuando llevaba casi nueve meses, la maquetista dejaba el trabajo, y pasé al departamento de Edición, maquetaba y diseñaba las cubiertas, y hacía algunas tareas más administrativas. Me lo pasaba muy bien porque era un trabajo muy creativo. En el sector del libro no hay ningún día igual, porque cada libro es diferente. Por un lado, Penguin Random House me ayudó a conocer como es un monstruo editorial y Gregal, una editorial media de nueve trabajadores, me permitió conocer todos los pasos para editar un libro. Pero la editorial cerró justo antes de la pandemia, en febrero de 2020 y me quedé sin trabajo.
¿En qué momento surge la idea de crear El Punt Volat?
En el máster nos explicaron cómo crear una editorial desde 0, y ante la pandemia, pensé que era una buena salida. Empecé a hacer números, un plan de empresa, pero desestimé la idea porque necesitaba una suma de dinero muy importante. Y entonces pensé que hay un gran número de gente que envía manuscritos a las editoriales y que son rechazados, obras que con algunos cambios editoriales se podrían publicar, o personas que quieren una tirada muy corta para su familia y amigos. Pensé en ese público que no encuentra la manera de publicar o que lo acaba haciendo en una copistería de barrio con un producto final malo. Y decidí encararlo por aquí y hacer una editorial de autoedición. Había tres o cuatro en castellano, pero en ese momento no había ninguna de catalana. Es un proyecto que no necesita mucha inversión económica, porque es el propio autor quien asume los costes, y si decide vender el libro, el 100% del beneficio es para él.
¿En qué momento, el proyecto es una realidad?
A mí se me ilumina la bombilla hacia junio o julio, en verano hablo con una amiga diseñadora, Julia Planas (@lautonoma), que hizo todo el aparato visual de El Punt Volat. Sabía que captaría muy bien la idea, porque los libros de autoedición no deben ser de mala calidad, al final, quiero que un libro de El Punt Volat no tenga nada envidiar a un libro normal y corriente, al contrario, que esté mejor hecho. En octubre ya lo teníamos casi todo, la primera autora con la que trabajo me contacta a finales de noviembre, y el primer libro físico llega la tercera semana de enero. Fue un éxtasis brutal, porque te llega el libro real de alguien que ha confiado en ti a ciegas y además, queda muy bien, es orgásmico.
¿Con qué tipo de autores has trabajado y qué libros has publicado?
El primer libro fue una autobiografía escrita en formato diario. Hemos publicado dos libros de poesía y estamos con el tercero, y hay un cuarto que es un híbrido entre poesía y novela. Hemos hecho dos de narrativa. Y un álbum ilustrado para niños, que es un proyecto de fin de grado de una estudiante de ilustración. Pidió que su padre escribiera unas adivinanzas de animales y ella las ilustraba. Querían una tirada pequeña para los amigos y la gente del pueblo y lo querían hacer conmigo.
¿Cuáles son todos los pasos hasta producir el libro?
Cuando me llega un manuscrito, siempre me gusta hacer una primera lectura, y hago editing, un proceso de mejora del texto. No lo toco, pero propongo cambios al autor para mejorarlo, y el autor escoge si los aplica o no. Y entonces ya empieza todo el proceso de corrección, que lo hace un colaborador. Y finalmente, lo maqueto y lo envío a impresión. Trabajo con una imprenta de Navarra que imprime con papeles ecológicos, tintas libres de cloro y papel procedente de bosques gestionados de manera eficiente. En unos diez días me envían los ejemplares, los reviso, y los envío al autor.
¿Cuánto puede costar hacer una tirada de 200 libros?
Depende mucho de si hay color, del tipo de papel... Pero publicar un libro que sólo es texto, de unas 200 páginas, en un formato normal, con todo el proceso de edición e impresión, puede costar entre 1.100 y 1.300 euros. Si después pones un PVP de 15 euros, vendiendo 80 aproximadamente ya recuperas lo que has invertido.
Hemos hablado del proceso que hay detrás de producir un libro, ¿crees que un libro es un producto como cualquier otro?
La gracia del libro es que es un producto con mucha vida. A veces pasa que lees un libro con 20 años y lo vuelves a leer con 33 y parece otro libro, pero realmente el libro no ha cambiado, eres tú que has cambiado tu perspectiva o te fijas con otras cosas. Es un producto muy vivo.
¿Por qué el nombre de El Punt Volat?
Quería que fuera un nombre que me identificara, y que fuera propiamente catalán, como la ce cedilla o la eñe española, y surgió la idea de El Punt Volat para reivindicar la grafía de la ele geminada. Es un símbolo tipográfico que no está en desuso, pero sí está un poco discriminado. Además, tenía esta doble significación de estar un poco chiflado, un punto ido, etc. La diseñadora jugó también con el logo, donde la parte volada está un poco por encima del punto, la web es una ida de olla. Todo el diseño es muy diferente a un libro convencional, en los libros todo es vertical, el exterior, título, nombre del autor, texto de contracubierta, no hay nada que sea horizontal. Es esta idea, hemos venido aquí a deconstruir todo un poco, a ser diferentes, y el nombre viene por aquí.
¿Cuáles son tus retos de futuro?
El primer reto era poderme dedicar a esto, y desde enero puedo decir que se está cumpliendo. A partir de aquí, me gustaría ampliar el equipo, pero no me marco objetivos muy grandes, no quiero hacer cuarenta libros al año, prefiero hacer veinte bien hechos y que el autor esté contento, que sea un trato cercano y que todos estemos orgullosos. Aparte, estamos preparando una tienda on-line para vincularla a la web y dar la posibilidad a todos los autores de vender su libro.