Viu a la UAB

La opinión del presidente

Un país que se precie
 

Vivimos tiempos turbulentos; no sólo en nuestro país, sino en el mundo entero. Parecen crisis distintas, pero no lo son: geografías, culturas, razas, religiones, sistemas políticos y tantas agrupaciones humanas más parecen divergir, pero tienen un objetivo común: la búsqueda y el deseo de un cambio, pues se avecina una nueva era.

El mundo entero vive, de formas distintas, la búsqueda de un sistema que mejore el bienestar global del planeta ante una población que no deja de crecer de forma exponencial. De postre, el cambio climático es una tremenda amenaza, y, demasiadas veces, intereses ajenos y fobias inexplicables trascienden la racionalidad en sus soluciones. Las pasiones y los sentimientos son, demasiadas veces, manipulados por terceros con intereses oscuros y sesgados.

Ante este entorno convulso, la educación, la formación, la investigación y la transferencia de conocimiento deben tomar protagonismo. La ignorancia es el caldo de cultivo idóneo para operaciones inadecuadas y demasiadas veces indecentes por parte de algunos. Es por ello que la educación, por su relevancia, debe dotarse de recursos apropiados y actualizados —y suficientes, por supuesto—, y debe ser gestionada profesionalmente, sin más sesgos que los que demanda la propia comunidad. Una sociedad cegada tiene un futuro oscuro.

En nuestro país, las distintas crisis vividas en los últimos años han hecho mella en los outputs que las distintas instituciones educativas generan: recortes en la investigación, pocas inversiones y dotaciones ínfimas en los campus universitarios, profesionales que han tenido que buscar otros lares para poder seguir investigando... A pesar de todo ello, el buen hacer, el esfuerzo y, también, la creatividad de la mayoría de profesionales han permitido que nuestras universidades hayan podido mantener sus niveles docentes y sus buenas prácticas investigadoras. También nuestro mundo académico está viviendo cambios relevantes y se vislumbran muchos además del generacional, que ya es, de por sí, disruptivo.

El exponencial progreso tecnológico en el que estamos inmersos —un viaje a velocidad hipersónica— va a producir cambios de todo tipo en nuestras sociedades. Frente a esta evidencia, nuestras universidades deben ser cruciales para acompañar y formar a la comunidad en la adaptación a la nueva era que estamos vislumbrando, pero que aún no sabemos cómo se conformará y qué impactos producirá en la humanidad.

Es por ello que un mundo que se precie, un país que se quiera, debe dotar de recursos correctos a nuestras universidades, sin egoísmos y sin intereses ajenos o ficticios. ¿Por qué? Simplemente, porque ellas deben ser las que ayuden a formar las nuevas generaciones y a hacerlo de tal modo que la sociedad —el mundo en general— sepa afrontar los profundos cambios que llegan.

Avistamos una sociedad tremendamente tecnológica, pero no será buena —diría que todo lo contrario—, sin una educación humanística potente, basada en valores como el respeto, la tolerancia, la compasión, la solidaridad y, por supuesto, la equidad, entre otros muchos más. Para ello, la academia debe estar atenta, auscultando intensa y detenidamente su entorno, detectando sus necesidades y adelantándose a ellas para cubrirlas de antemano.

Desde el sistema educativo, debemos estar al quite y tratar de anticiparnos a lo que se nos pide. La educación es uno de los pilares básicos de un país que se precie. Es por ello que la inteligencia, la sabiduría y el conocimiento de la academia deben estar abiertos y dispuestos a escuchar, a transferir, pero, también, a recibir y aprender de la sociedad que nos nutre y financia.

Por supuesto, necesitamos que nuestros gobiernos nos dediquen atención, con ministerios y/o consejerías ad hoc. Pero no sólo eso sirve; entre todos, debemos alinear objetivos y aplicar recursos de forma objetiva y equitativa para lograr un sistema educativo eficiente y eficaz que nos permita reconstruir una sociedad más justa, y poder entrar en esta nueva era que se acerca sin sufrir accidentes evitables. Una mejor educación para un mundo mejor.

“Vivat nostra societas!
Vivant studiosi!
Crescat una veritas,
floreat fraternitas,
patriae prosperitas.”

Gabriel Masfurroll
Presidente del Consejo Social

19 de marzo de 2018

[El diario Expansión ha publicado una versión de este artículo en su edición del 10 de abril.]