Historia de la Ciencia

Theodore M. Porter es profesor “distinguido” del Departamento de Historia de la Universidad de Californa, Los Ángeles. Se licenció en Historia (1976) en la Universidad de Stanford y obtuvo el Doctorado en Historia (1981) en la Universidad de Princeton, con una tesis doctoral sobre lo que llamó “pensamiento estadístico”. Es profesor de distintos temas relacionados más o menos directamente con la historia de la ciencia.

Entre otros textos, es autor de diversos libros. El primero, The Rise of Statistical Thinking (1986), trata del desarrollo de ideas y métodos estadísticos en campos que van desde las ciencias sociales a la evolución biológica y la termodinámica. El interés en las relaciones entre lo natural y lo social es central en su segundo libro, Trust in Numbers (1995). Su último libro, Karl Pearson: The Scientific Life in a Statistical Age (2004) es un estudio biográfico de ese científico, que siempre estuvo en rebelión contra los límites de una u otra identidad profesional. Actualmente está trabajando en un nuevo libro sobre la historia de la herencia humana, y más particularmente sobre el modo en que los asilos de dementes y las instituciones relacionadas se convirtieron en lugares importantes para la conservación de registros de las condiciones consideradas hereditarias y para la investigación sobre su presunta herencia.
06/2014 -

Locura, eugenesia y estadística con Theodore M. Porter

"Los manicomios se interesaron por la herencia de la locura 80 años antes de que la eugenesia se convirtiera en movimiento"
 
El Dr. TheodoreM. Porter (University of California, Los Angeles) impartió una charla titulada "Eugenic Madness: Asylums and the Data of Heredity" en el marco del ciclo de coloquios de la Societat Catalana d’Història de la Ciència i de la Tècnica (SCHCT) del curso 2013-2014, y con la colaboración del Centre d’Història de la Ciència (CEHIC-UAB). Porter es experto en la historia de la estadística y la cuantificación en las ciencias. En esta entrevista nos explica la relación entre los manicomios, las estadísticas de la herencia y la eugenesia; reflexiona sobre la división entre ciencias naturales y ciencias sociales; y ofrece su punto de vista sobre la relación entre historia, historia de la ciencia y filosofía de la ciencia, así como entre ciencia y política, entre otros temas.


El pasado mes de abril impartió una charla en Barcelona llamada "Eugenic Madness: Asylums and the Data of Heredity". ¿Cómo resumiría su argumento principal?
El argumento principal es que la historia de la eugenesia, que se considera que se inició con la teoría de la evolución y con la obra de Francis Galton, primo de Charles Darwin, está en realidad asociada con instituciones como los manicomios, donde se alojaban personas que a menudo eran objeto de intervención eugenésica.

Cuando la eugenesia se convirtió en un movimiento, alrededor de 1900, fue sobre todo dirigida contra aquellas personas que se consideraban defectuosas, que no aportaban beneficios a la población, que no eran útiles para la eficiencia nacional y que eran costosas de mantener. Y yo diría que estas personas eran precisamente los dementes que estaban en manicomios.

Muy a menudo, se habla de un movimiento eugenésico de origen evolutivo que después se habría adoptado por parte de las instituciones que mantenían a los dementes. Querría manifestar que estas instituciones estaban interesadas en la herencia de caracteres como mínimo 80 años antes de que la eugenesia se convirtiera en movimiento, y para la década de 1840 anotaban datos sobre los pacientes y hablaban sobre las posibilidades de reducir el número de “locos” no sólo curándolos, sino evitando que tuvieran descendencia, es decir, de una forma eugenésica.


¿Cómo cambia esto las visiones convencionales de la historia de la biología?
Es en gran medida una cuestión sobre la historia de la ciencia humana, de la biología humana. La historia de la genética se asocia generalmente con la cría de plantas y animales, con la investigación científica sobre éstos. Uno de los principales desarrollos de esta historia en los últimos decenios ha sido ver su asociación con temas agrícolas prácticos, como la cría de plantas y animales. Pero más allá de esta historia experimental, de la cría y de la agricultura, hay una vertiente médica en la historia de la genética.

Creo que deberíamos darnos cuenta de que en nuestro tiempo la eugenesia se ha convertido en un tema primordialmente médico. Así que, de alguna manera, la genética se entiende a menudo como el corazón de la investigación médica en la actualidad. Pero quiero hacer hincapié en el hecho de que la genética médica o eugenesia ha atraído mucha atención durante 180 años, y, por tanto, quiero situar la parte médica en la historia de la genética junto con la parte experimental de plantas y animales.


¿De qué manera se relaciona esto con su trabajo anterior?
Al principio estaba interesado en los usos de los números y los datos en la estadística, tema relacionado con mi tesis doctoral. Esta historia, en cambio, es sobre la creencia tanto de la gente común como de los médicos, sobre la herencia de todos los tipos de enfermedades humanas, pero sobre todo la locura. Y esta creencia es más antigua que las acciones y la historia que estoy tratando de explicar.

No sé en qué momento estas ideas se convierten en algo común, pero ya lo son en el periodo que estoy estudiando, hace 200 años. Entonces se intenta recopilar y analizar datos de una manera más sistemática. Y este tipo de estadística (de recogida y análisis de datos, de sacar conclusiones y utilizarlas para intervenciones y decisiones que involucran política, gobierno y medicina) es un tema que he estudiado.

Mi tesis doctoral fue sobre lo que llamé “el auge del pensamiento estadístico”, empezando por el gran aumento de la actividad del Estado para reunir los censos y llevar un registro de todo tipo de temas prácticos. En cierto modo, este es uno más de esos temas prácticos, un tema médico, que llegó a ser estadísticamente importante casi al mismo tiempo que el período que un viejo historiador estadístico llamó “la era del entusiasmo estadístico” e Ian Hacking, el filósofo e historiador de la estadística, denominó “la avalancha de números”. En los manicomios, en el estudio de la locura, hay una especie de avalancha de números: se cuenta a la gente que hay en los manicomios y también se censan los que se encuentran fuera de las instituciones.


En esta historia, ¿cuál es la relación entre las ciencias humanas y las ciencias naturales o duras?
En primer lugar, la división entre ciencias duras y humanas no parece tan clara como lo fue hace tiempo. En segundo lugar, algo que se supone que implican las ciencias duras es el uso de las matemáticas y la estadística, así que el tema de los asilos está muy relacionado con los datos. En este sentido, es una ciencia dura. El contenido matemático es muy bajo al principio y se hace más importante en las décadas de 1890 y 1900. Y entonces se enlaza con otro de esos ámbitos que parecen tan importantes para el crecimiento del conocimiento estadístico en el siglo XIX: las matemáticas de seguros y el conocimiento demográfico, es decir, las matemáticas de la población, que también son una parte muy importante de esta historia.

Las ciencias humanas participan mucho de esta vertiente matemática, estadística, demográfica y cuantitativa, tanto como las ciencias duras.

Realmente no funciona decir que las ciencias naturales son duras y las ciencias humanas no lo son. ¡Las ciencias sobre los humanos son a veces también ciencias naturales! De modo similar, en nuestro tiempo hay nuevamente un gran énfasis en tratar de vincular las ciencias sociales con el cerebro, pero, en cierto modo, este proceso no tiene tanto que ver con nuevas investigaciones sobre el cerebro como con el sentido biológico del ser humano y con la manera en que somos producto de nuestras condiciones médicas, así como de nuestros mundos sociales.


¿Cómo diría que este trabajo desafía los puntos de vista comunes sobre la ciencia y la política del público en general y de los propios científicos?
Una forma es ver cuál fue la implicación de ideas políticas en la historia de la genética desde la década de 1830. Los manicomios se expanden mucho alrededor de 1820, y lo hacen con la promesa de curar a sus pacientes. Y en realidad las estadísticas muestran muchísimas curaciones. La idea era que abrirían los asilos, curarían a la mayoría de los pacientes y puede que no se necesitaran manicomios nunca más. Así que los gestores y administradores de asilos ofrecen las mejores expectativas, pero en cambio los asilos crecen y crecen y, a pesar de las supuestas curaciones, las poblaciones de pacientes se hacen más grandes y más costosas.

Hay otro momento importante de transición, en Francia en 1830, en Inglaterra en 1845, en Estados Unidos y Alemania en momentos diferentes, cuando aparece una ley que dice que cada condado, estado, jurisdicción o ciudad debe tener un asilo para dementes, y ha de proveer a aquellas personas que no pueden pagárselo. Así que los manicomios se llenan de indigentes, pobres, personas sin recursos, y muchas de estas personas se convierten en pacientes de por vida. Así, en vez de curar a los pacientes, los administradores de los asilos piensan cada vez más que su obligación es simplemente atender a estos pacientes.

Originariamente, los tenían que atender médicamente, pero pronto pasan a mantenerlos. La promesa de una forma de resolver el terrible problema moral de las personas con una pérdida temporal de sus facultades mentales e incapaces de valerse por sí mismas, se había esfumado hacia las décadas de 1850-1860.

Esto hace que la contribución de los manicomios a este problema político no parezca demasiado exitosa. Por eso los administradores empiezan a enfatizar otras contribuciones que están haciendo. Y enfatizan dos cosas: una podría estar en los orígenes del Estado del bienestar, y es que subrayan que cuidan de estos pacientes pobres y les impiden arrastrar a toda su familia hacia la pobreza. La otra cosa que dicen cada vez más es que la locura es una enfermedad hereditaria y que manteniendo a las personas en asilos se evitará que reproduzcan su enfermedad.

Por tanto, creo que la locura está muy conectada con el cambio de las funciones del Estado, el aumento de las cosas que hacen los estados, lo que llamamos estado de bienestar. Pero puesto que muchos de sus pacientes no podían ser restaurados a la salud y convertirse en ciudadanos productivos, sólo eran mantenidos apartados. Emerge un conjunto de temas políticos relacionados con esta ambición por curar a estos pacientes y su fracaso, junto con el paso de curar a los pacientes a simplemente mantenerlos.


¿Cómo cree que sus contribuciones a la historia de la ciencia han cambiado la visión general de qué es la ciencia?
Creo que una de las cosas más interesantes que la historia de la ciencia ha hecho es socavar la idea de que la ciencia está aislada del mundo. No es tanto que la gente pensara que estaba completamente aislada, sino que se veía a la ciencia como algo muy específico practicado por personas con una formación muy específica, que trabajan en comunidades disciplinarias.

Justo antes de que yo entrara en este campo, el hecho revolucionario fue Thomas Kuhn, quien subrayó el carácter especial de las ciencias en cuanto conocimiento disciplinado producido entre personas que eran suficientemente especialistas como para formar un conjunto de ideas acordadas que todos compartiría.

Sobre todo en los últimos 25 años, los historiadores de las ciencias han estado cada vez más interesados ​​en la manera como la ciencia penetra en la sociedad, de modo que se encuentra lo que llamamos actividad científica en muchos lugares, no sólo en las universidades, sino en todo tipo de instituciones como hospitales y compañías de seguros.

Diría que las estadísticas y la cuantificación son algunas de las herramientas de la ciencia más ampliamente difundidas, que no pueden ser aisladas en las disciplinas universitarias hechas por personas con doctorados, cuyo cuerpo principal es neutro o puro o investigación básica. No sólo el uso de los conocimientos, sino la producción de conocimiento, ocurre en este contexto de uso, de aplicación.

Éste sería un cambio muy importante en la historia de la ciencia, en el que mi trabajo ha participado, contribuido y al que se ha unido.


¿Podría decir algo sobre las relaciones de la historia de la ciencia con la filosofía de la ciencia?
Como estudiante, estuve en un programa de historia y filosofía de la ciencia, y en realidad había muy poco contacto. Nos reuníamos los miércoles y bebíamos lo que pensábamos que era jerez, pero en realidad era cerveza. Y hablábamos con deleite, pero había muy poca superposición.

Los filósofos que interesan a los historiadores son los que pasan de hablar de la ciencia como proposiciones que puedan tener algún valor de verdad a entender la ciencia como el trabajo realizado por investigadores y todo tipo de personas desde las instituciones donde se estudian los problemas científicos reales. Esos filósofos quizá sí puedan aportar perspectivas que son diferentes de las de los historiadores.

Existe un campo llamado historia de la filosofía de la ciencia y hay esfuerzos con algún éxito para unir los campos de historia de la ciencia y filosofía de la ciencia, pero siguen siendo mayoritariamente campos separados.


¿Y sobre las relaciones de la historia de la ciencia con la historia más general?
Para mí, la historia de la ciencia es una parte de la historia. Esto no quiere decir que cada tipo de historia se vaya a disolver en una parte de la historia universal. Porque nadie es simplemente historiador, todo el mundo trabaja en unos tipos de temas concretos. Por supuesto, yo he escogido temas que creo que son importantes para una amplia gama de todo tipo de campos históricos. Un tema como la cuantificación ocurre no sólo en la investigación universitaria, sino también en las administraciones públicas y la burocracia, en los negocios, las profesiones, la medicina, la ingeniería, la tecnología. Penetra una amplia gama de actividades humanas y debería ser una parte muy importante de la historia general.

Por supuesto, la historia ambiental es otro tema en el que se intersecan la historia y la historia de la ciencia y la tecnología.

Siempre ha habido una cierta distancia entre los diferentes campos, y la historia de la ciencia ha buscado alianzas. Ahora hay un gran interés en las conexiones entre historia de la ciencia e historia del arte, a pesar de que a los historiadores que no son historiadores de la ciencia les ha tendido a gustar la historia del arte más que la historia de la ciencia, porque los historiadores son personas a las que generalmente no les gustó la ciencia en un primer momento.

Pero hay movimientos de la historia de la ciencia que no van en la dirección de la historia general. Sigue existiendo un cierto tipo de separación, pero está disminuyendo, en lugar de aumentar. Para mí, no veo cómo los historiadores pueden abarcar suficientemente la historia sin tener en cuenta la historia de la tecnología, de la ciencia y de la medicina como una parte importante de lo que hacen.


¿Cree que hay valores en las ciencias? En caso afirmativo, ¿qué relación tienen con los valores morales?
La posición común entre los científicos, si bien no es universal, es el énfasis en que la ciencia produce conocimiento, que es una buena cosa, así que si hay un valor en la ciencia es la expansión del conocimiento. Las cuestiones morales aparecen en el momento en que la sociedad o la política deciden qué hacer con la ciencia.

Hay ciertas excepciones especiales, casi universalmente reconocidas y ciertamente muy bien institucionalizadas, como la manera en que los sujetos de la investigación pueden ser perjudicados por la ciencia. Esto es especialmente un problema para la investigación médica y para los sujetos humanos; los historiadores estamos obligados a tratar a los seres humanos teniendo en cuenta estos problemas. Tal como mencioné en la charla, tuve que conseguir un permiso para estudiar los expedientes de los pacientes de un asilo que hacía cien años que habían muerto, como si estuviera haciendo un estudio con el método de doble ciego sobre pacientes vivos, a fin de mostrar que los beneficios de mis estudios eran mayores que el posible daño que les podría causar. Les dije que el beneficio de la verdad era mejor que cualquier efecto que pudiera tener sobre ellos, y que a estos pacientes les gustaría saber la verdad, porque la verdad histórica beneficia a todos.

Los científicos reconocen muy ampliamente determinadas categorías de excepciones para las cuales los valores serían parte de la investigación desde el principio, y no sólo en sus aplicaciones. Por ejemplo, hay un consenso general de que en la fabricación de armas para un Estado, los científicos deben determinar el carácter moral de este Estado cuando deciden si servir en la investigación militar.

En contra de esta visión general, creo que la historia de la ciencia tiende a ver a la ciencia como más involucrada en los cambios tecnológicos y de políticas reales y a enfatizar la retórica filosófica de la ciencia. Esto hace de estos problemas algo más sistemático e integral para la ciencia. Pero con esto no quiero decir que los científicos tengan que preguntar cada vez que inicien un proyecto.

Judit Gil Farrero

premsa.ciencia@uab.cat

2022 Universitat Autònoma de Barcelona

B.11870-2012 ISSN: 2014-6388