“Generamos una comunidad muy potente, nos estábamos jugando nuestro futuro y la Universidad, su prestigio”
Entrevista a Arnau Queralt, Ciencias Ambientales UAB '97, director del Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible de Cataluña.
20/02/2020
Arnau Queralt, Ciencias Ambientales UAB ’97, se licenció en la segunda promoción de Ciencias Ambientales de la UAB. Unos estudios pioneros multidisciplinares con el objetivo de formar a los profesionales que se tendrían que enfrentar a los grandes retos medioambientales que ya se intuían a principios de los 90.
La trayectoria de Queralt está muy ligada al Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible (CADS) que asesora al Gobierno de la Generalitat. Hablamos con él sobre los principales retos de Cataluña en el ámbito de la sostenibilidad del medio ambiente.
Formaste parte de la segunda promoción de Ciencias Ambientales de la UAB. ¿Cómo fue la experiencia?
Me hizo mucha ilusión que se crearan estos estudios nuevos y multidisciplinares. Había un programa muy bien trabajado por todo un conjunto de profesorado, fueron a Berkeley y volvieron con un planteamiento de carrera absolutamente transversal e innovador en relación con el que se hacía aquí e implicaron a todos los departamentos de la Facultad. Somos fruto de la ilusión de los promotores de la carrera, una ilusión que consiguieron transmitir a un grupo de estudiantes que teníamos una vocación ecologista o ambientalista, de la cual hicimos una profesión. Todo este proceso hizo que los estudiantes estuviéramos muy implicados con la Autónoma y generamos una comunidad muy potente, nos estábamos jugando nuestro futuro y la Universidad se jugaba su prestigio. Recomiendo un pequeño libro, escrito por el Dr. Josep Enric Llebot y que se titula “Temps era temps”, donde se explica el origen de los estudios de Ciencias Ambientales en la Autónoma.
¿Cuál es el vacío que llenaba esta carrera?
La carrera empezó a impartirse en el curso 1992-1993, justo después de la conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en Rio de Janeiro (también conocida como la Cumbre de la Tierra). Se tenía cada vez más consciencia en el ámbito internacional y en el ámbito catalán que convenía poner unas bases políticas ambientales fuertes. También es un momento donde se acababa de crear el departamento de Medio Ambiente de la Generalitat y se pone en marcha una cierta transición colectiva hacía las políticas ambientales. La Autónoma se suma al proyecto porque en este contexto hacía falta que hubiera profesionales con una mentalidad amplia, por tanto, que tuvieran conocimientos de Biología, Química, Física, Derecho, Sociología, políticas públicas, Estadística, Geología y que fueran capaces de identificar las causas de los problemas, las posibles consecuencias y las soluciones, entendiendo el lenguaje de todas estas disciplinas y trabajando con equipos multidisciplinares.
Tu trayectoria ha estado muy vinculada al Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible (CADS). ¿En qué consiste?
Justo cuando acabé la licenciatura, hice un máster en Gestión Pública, después colaboré con el Departamento de Medio Ambiente, y en el año 2001 comencé a trabajar para el CADS como coordinador técnico. El CADS, creado en el 1998, es un órgano asesor del Gobierno integrado por 16 miembros, que son independientes, y que tiene como misión orientar al gobierno de manera transversal y con una visión de futuro sobre los retos que tiene el país en el ámbito de la sostenibilidad.
Y paralelamente, te implicas en la tarea de visibilidad y reconocimiento de la profesión en el Colegio de Ambientólogos de Catalunya (COAMB).
Fui el primer tesorero del Colegio, durante dos años, y lo encadené con la vicepresidencia durante cuatro años, hasta que me escogieron presidente, responsabilidad que mantuve durante dos años. Empezamos en el colegio cuando éramos muy jóvenes, necesitábamos algún órgano que defendiera la profesión que estaba naciendo. Habíamos hecho una carrera de la nada, hicimos una profesión y construimos el colegio profesional.
En el 2011 te nombran director del CADS, y empiezas una nueva etapa.
Sí, en 2006 dejé la tarea de coordinador e hice de asesor en temas de medioambiente, de estrategia institucional y fui secretario general de la fundación Círculo Tecnológico de Catalunya. Y en 2011 me incorporé como director del CADS. Era un momento en el que la responsabilidad de la sostenibilidad era cada vez más evidente y era muy importante que el CADS reforzara su posición como órgano de reflexión realmente estratégico y que fuera capaz de avanzarse a algunos de los grandes retos que tiene el país. Hasta el 2014 el CADS solo podía hacer informes a petición del gobierno, a partir de ese momento podía hacer también por iniciativa propia. Hemos hecho informes como ‘Mengem futur’ sobre la alimentación que es un tema clave. Somos corresponsables del Tercer informe sobre el canvi climàtic a Catalunya (TICCC), en el cual participaron unas 200 personas entre autores y revisores. Es un estudio científico de referencia en el país y fuera, en el que se expone cómo afecta al país el cambio climático y cómo tiene que empezar a adaptarse, por tanto, también es un informe de transferencia de conocimiento entre el mundo científico y el gobierno. Por otro lado, desde el 2016 somos impulsores del MedeCC, el grupo de expertos en cambio climático y ambiental de la Mediterránea y desde hace prácticamente 6 años presido la red europea de consejos asesores en medio ambiente y desarrollo sostenible (EEAC).
¿Cuál es vuestra tarea en relación con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) en Cataluña?
En 2015, cuando las Naciones Unidas aprueban la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, con sus 17 ODS, el Gobierno se compromete a hacer un plan nacional para concretar cómo se puede contribuir a completarlos desde Cataluña. En ese momento, el CADS hace una reflexión sobre qué quieren decir los ODS para nuestro país y plantea los retos que el Gobierno tendría que asumir mediante este plan. Esta reflexión tomó forma de informe, al cual le pusimos el título: ‘L’Agenda 2030: transformar Catalunya, millorar el món’.
¿Cuáles son los retos más urgentes en Cataluña en cuestión de medioambiente?
Tenemos la mayor parte de retos que tienen otros países, pero algunos son más urgentes. Por ejemplo, cómo hacemos frente al cambio climático es muy urgente, porque estamos en un entorno mediterráneo que nos hace especialmente vulnerables en relación por ejemplo a la sequía y a todo lo que es la transformación del paisaje. El tema de las costas es uno de los temas graves, cómo impactará el cambio climático en las playas de nuestro país, desde una perspectiva ambiental, claro, pero también teniendo en cuenta su impacto sobre la economía de muchas poblaciones de nuestro litoral. La costa es especialmente vulnerable, pensemos en el Delta del Ebro, en todo el litoral arenoso, aquí se tiene que poner una solución sí o sí. Y son soluciones que cuestan muchísimo. También el tema de la transición energética, un tema caudal en todo el mundo, pero aquí tenemos mucho sol, por tanto, tendríamos que impulsar la transición energética en Cataluña. Cómo conseguimos tener un sistema mucho más eficiente basado en renovables y, por tanto, cómo vamos reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles. Por otra parte, cómo pasamos de políticas agrícolas y ganaderas a una política alimentaria, eso es un tema importantísimo porque implica replantear el suelo agrícola, la relación que tenemos con los agricultores y cómo garantizar que haya un sector agrario activo con un suelo con capacidad de ser cultivado. Tenemos también el tema de las desigualdades y el otro es evidentemente los recursos y los residuos, es decir, cómo hacemos posible una economía circular.
¿Vamos por buen camino?
¿Qué tenemos de bueno? Que ya hace tiempo que estamos trabajando, que tenemos centros de investigación y universidades muy buenas que están alimentándonos con conocimiento y con futuros profesionales. Y que hay muchas evidencias de los impactos, por tanto, ya tenemos muchas cosas sobre la mesa y muchas evidencias que nos hacen reaccionar. El hecho de tener evidencias compartidas por todos, por el mundo científico, político y social, hace que al final sea un reclamo para hacer que la gente actúe.
¿Hay algún ejemplo de buenas prácticas?
Con el tema del cambio climático, hay un ejemplo interesante. Desde los años 60 del siglo pasado, la cuenca del Ter ha transportado un importante caudal de agua hacia la región metropolitana de Barcelona, comprometiendo los caudales ambientales del río y el abastecimiento de agua para la agricultura. Al efecto del trasvase sobre el caudal del río hace falta sumarle el propio efecto del cambio climático y de los cambios en los usos del suelo. El año 2017, pero, se consiguió un acuerdo para reducir progresivamente el caudal de agua trasvasada, que en el 2028 no podrá superar el 30% de caudal. Para hacer frente a este compromiso, hace falta desarrollar acciones para reducir el consumo de agua, ser mucho más eficientes en el uso y buscar nuevas fuentes alternativas como la desolación y la reutilización de aguas residuales regeneradas. Medidas, todas ellas, que permiten incrementar nuestra resiliencia delante de los efectos del cambio climático sobre la disponibilidad de recursos hídricos.
¿Cómo valorarías el trabajo hecho des del CADS?
El Consejo es un órgano independiente. Ninguno de los gobiernos que han existido hasta ahora ha interferido, todos han garantizado su independencia, pero las recomendaciones del consejo no son vinculantes, como pasa con el resto de órganos consultivos de la red europea. Lo que hemos intentado hacer desde el consejo es involucrar al gobierno, saber qué le preocupa y sobretodo ir construyendo la reflexión conjuntamente. Un momento importante es el 2018, cuando el Parlamento de Cataluña aprueba una moción sobre la agenda 2030 en la que establece que a partir de ese momento el CADS tiene que comparecer cada seis meses en el Parlamento para dar nuestra opinión sobre cómo estamos avanzando en el cumplimiento de los ODS en nuestro país.